domingo, agosto 27, 2023

París a la carrera


 Con mi hija, su marido y mi nieta arreglamos una visita a París. Fue un paseo por la ciudad a la carrera, casi como los actores de Bande à part recorriendo el Louvre en diez minutos: no fue el Louvre, pero cerca estuvimos; la próxima vez, aquí o donde sea, me aseguraré de que lo que programamos sea realizable. Nuestro planes se demostraron poco factibles, pero con los días fuimos ajustando las posibilidades. Impagable, ver desde nuestra ventana todos los días y noches, a menos de un kilómetro, la torre Eiffel. Y salir a caminar temprano en la mañana por la orilla del Sena. Días de muchas impresiones, desde la llegada cruzando los campos y caseríos desde el aeropuerto de Beauvais, con automóviles volviendo en el anochecer a sus casas apartadas, o el metro en todos lados, o el Sena, o la sorpresa de un París en que el trabajo es africano: en las obras en construcción, en el metro o el tren, en los taxis, el trabajo está en manos de inmigrantes probablemente venidos de los territorios franceses de ultramar. Al menos, el taxista que nos llevó al hotel era de Martinica: nos aleccionó acerca de dónde ir y dónde no ir, con una gentileza y proximidad que nos despejó las dudas que teníamos después de los incidentes de junio. Esto fue común en el trato con todo el mundo, a quienquiera que preguntáramos: como nuestro francés es casi inexistente, hablábamos en inglés imperfecto, pero nadie torció la cara y trató de entender y responder. Lejos de leyendas conocidas sobre el idioma de comunicación: en un tren preguntamos algo, y alguien que oyó, aunque no era el interpelado, se tomó el trabajo de traducir con google nuestras preguntas y sus respuestas.

Evocaciones a cada paso, desde los días de 1789 contados por Grace Elliot o Chateaubriand, hasta la estación del metro de Bir Hakeim, donde comenzábamos nuestros paseos diarios: a cada paso, los símbolos del poder de Francia en los siglos pasados en sus edificios públicos, en sus palacios, en los nombres puestos al metro. Encontré en Versalles el lugar que seguramente Luis XIV se forjó en la historia de Francia. Su relación con la nobleza francesa recuerda a la infancia de Jaime I de Aragón: reyes que superaron las intrigas y presiones de su nobleza para convertirse en fundamentales de sus dominios. Las pinturas de Luis XIV en Versalles resultan tan elocuentes como el propio palacio. 

Pero no sólo es el pasado. Encontramos una ciudad amable, merecedora de largos paseos y visitas. Aquí no hubo latinoamericado pintor, escritor, poeta, que no hubiera estado: Cesar Vallejo, Cortázar con su Rayuela. En esta ciudad han trabajado Camus, Sartre, Robbe-Grillet, Resnais, Godard, Bresson, Melville, Tati, Truffaut, sólo por recordar sus imágenes todavía próximas al París de hoy: esta Francia es la suya. Un primer viaje que pide otros.

martes, agosto 22, 2023

Más lejos, más allá

 


Lo dice Tomás Uprimny Añez, en "El viaje de un loco", en Letras Libres, agosto de 2023, a propósito de Magallanes y su cronista, Antonio Pigafetta:

 Conviene aclarar que el mérito de la expedición magallánica no es geográfico, en el sentido estricto de la palabra. Toda persona culta sabía entonces que la Tierra era redonda, pero lo sabía en abstracto, así como sabemos que el universo está cuajado de agujeros negros aunque sean invisibles para nuestros telescopios. Magallanes demostró que la Tierra era finita y al mismo tiempo infinita: uno puede recorrer el globo sin parar, tal y como una lombriz puede rodear una manzana tantas veces como lo desee. Y lo que Magallanes demostró, Pigafetta lo cantó con sus palabras insultantemente libres. Leyéndolo, he tenido la sensación de que el mar, intimidado, se extendía más y más, se desenrollaba hasta el infinito con el propósito inalterable de evitar que este puñado de marineros llegara a su destino, porque ahí guardaba su tesoro de leche y miel. Creo que es precisamente en esa obsesión por ir más lejos, en ese profundo deseo de derrumbar murallas y ampliar el radio de lo cognoscible, en ese anhelo felizmente infantil de descubrir lo desconocido y arrojar luz en las habitaciones más penumbrosas del corazón, es ahí que radica el excepcional mérito poético y humano de la Armada de las Molucas. Lo dijo mejor Paul Éluard: “Hay otros mundos, pero están en este.”

domingo, agosto 06, 2023

Cosío Villegas en el Fondo de Cultura Económica

 


A propósito del Fondo de Cultura Económica, Cosío Villegas y México, asunto comentado antes, un artículo de Javier Garcíadiego en Letras Libres mejora y precisa la información que dispusiera entonces.

Dice Garcíadiego:

Como tantos jóvenes de su generación, estudió derecho a falta de otras opciones profesionales. Después hizo estudios de economía en Estados Unidos y Europa. Impactado por la crisis económica de 1929, fue pieza clave en la creación de la carrera de economía en el país. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que en México se carecía de los libros especializados con los que los profesores debían enseñar y los alumnos estudiar. Hacia 1932 fue invitado por el gobierno español a impartir unas conferencias sobre economía agrícola y la reforma agraria en México, lo que aprovechó para plantear a las principales casas editoriales españolas la pertinencia de fundar una editorial, o al menos una colección, de temas económicos. Para su sorpresa, su propuesta no suscitó mayor interés.

 Quisiera puntualizar la pujanza de Cosío, a sus treinta años, poco más o menos, que lo llevó tomar compromisos de primera línea en México. En cuanto a su propuesta descartada en España, Garcíadiego hecha un manto de olvido sobre esas reuniones. Poco tiempo después los acontecimientos dieron la oportunidad, de todas formas.

A pesar del desaire, Cosío Villegas estaba convencido de la urgencia de contar en español con la bibliografía básica de la economía, escrita sobre todo en inglés. Así, en 1934 fundó el Fondo de Cultura Económica, editorial que se concentraría en publicar la revista El Trimestre Económico y en traducir algunos libros de economía. Los tiempos en el país eran complejos, con el inicio del sexenio cardenista, por lo que los comienzos de la editorial fueron difíciles. Para colmo, a mediados de 1936 aceptó un mediano puesto diplomático en Portugal –“encargado de negocios”–. Paradójicamente, su breve estancia en Lisboa fue el parteaguas de su vida, pues al mismo tiempo que llegaba estalló la Guerra Civil en España.

Dado que pronto desarrolló una buena amistad con el embajador español en Portugal, el notable historiador Claudio Sánchez-Albornoz, el tema de la guerra de los intelectuales españoles fue el que predominaba en sus conversaciones. Cosío Villegas, siempre atento a los problemas internacionales, estaba plenamente enterado de la obligada huida de numerosos intelectuales alemanes de origen judío, quienes estaban siendo acogidos por las mejores universidades inglesas y norteamericanas. Con tal ejemplo, Cosío percibió la conveniencia de que México diera cobijo temporal a algunos científicos, académicos y artistas españoles. Su propuesta fue aceptada por el gobierno de Lázaro Cárdenas, y para 1938 se fundó La Casa de España en México.
De hecho, se le pidió que fuera su organizador, nombrándosele su secretario. Por lo mismo, al regresar a México Cosío Villegas pudo retomar la dirección del Fondo de Cultura Económica, que pronto habría de transformarse radicalmente. Sucedió que con la derrota del gobierno republicano y el triunfo franquista se multiplicó el número de exiliados españoles, llegando a contar La Casa con un número inmanejable –y creciente– de refugiados. La Casa de España fue una institución peculiar. Pensada para durar unos dos años, pues se tenía un diagnóstico totalmente optimista del conflicto bélico en España, no necesitaría instalaciones ni tendría programas de estudio propios. En rigor, sería una oficina coordinadora con un solo objetivo: enviar a sus miembros a que impartieran cursos, cursillos y conferencias en las principales universidades y centros culturales del país. Cosío Villegas, hombre pragmático y con perspectiva empresarial, facilitó a La Casa un par de cuartos del Fondo de Cultura Económica, cuyo local estaba en la céntrica calle de Madero. Con su proverbial desenfado, Alfonso Reyes, presidente de La Casa, le dijo a su amigo y mentor Pedro Henríquez Ureña –radicado en Argentina– que eran “instituciones gemelas que despachamos en oficinas contiguas y pasamos el día trabajando juntos”.
Compartir ese espacio fue la circunstancia más provechosa para la historia del ámbito editorial de habla hispana, pues Cosío Villegas pronto se dio cuenta de que los refugiados españoles que laboraban en La Casa se dedicaban a casi todas las ciencias sociales y las humanidades. Además, todos eran cuando menos bilingües: desde principios del siglo XX, y para contrarrestar la “crisis del 98”, en España se había impuesto un proyecto “regeneracionista” que buscaba “europeizar” al país. Muchos jóvenes fueron “pensionados” para hacer estudios de posgrado o de especialización en diferentes universidades europeas. Al regresar a España empezaron su vida académica y a traducir los libros con los que habían estudiado. Se dio entonces un gran impulso a la traducción de libros académicos en editoriales como Revista de Occidente, Espasa-Calpe, Labor y Aguilar. Para desgracia de España, y para beneficio de México, este proyecto se canceló con el triunfo del franquismo.

Muchos de aquellos “expensionados” fueron los que recalaron en México y se integraron a La Casa o a El Colegio de México. Cosío Villegas inmediatamente procedió a reestructurar el Fondo, para que dejara de ser una editorial exclusivamente de economía, aunque esta seguiría siendo la temática principal. Con sus nuevos colegas reorganizó el Fondo en colecciones disciplinarias: a la preexistente Economía se le agregaron las de Política y Derecho, Sociología, Historia y Filosofía. Cada una de ellas sería organizada por un español refugiado, y todos estos harían las traducciones de los libros seleccionados. Sería la posibilidad de continuar con las labores de traducción que habían iniciado en España, y de mejorar sus ingresos sin tener que desplazarse por una ciudad que apenas conocían; tampoco tendrían dos patrones: solo uno, el “visionario” Daniel Cosío Villegas.

Aunque la transformación del Fondo es fácilmente medible en términos cuantitativos y temáticos, sus consecuencias son invaluables. En síntesis, entre 1934 y 1938, antes de la llegada e integración de los españoles, se habían publicado veinte números de la revista El Trimestre Económico y diez libros de economía, con un promedio de dos por año. A partir de 1939 el cambio fue radical. Limitada la estadística hasta el año de 1945, en esos seis años aparecieron 62 libros de Economía, 47 de Política y Derecho, 35 de Sociología, veintiséis de Historia y once de Filosofía. No era un asunto meramente lingüístico, pero la editorial pudo empezar a llamarse Fondo de Cultura “Ecuménica”.

Aunque con ligeras variantes, todas las colecciones –o secciones– tendrían la misma estructura y los mismos componentes –o series–. Se publicarían los “clásicos”, para dar profundidad a cada disciplina mediante el estudio de sus raíces y fundamentos; también se publicarían las grandes aportaciones recientes de cada disciplina, así como algunos textos coyunturales, para comprender desde diferentes ángulos la problemática del día; por último, se publicarían algunos manuales y libros introductorios, que servían en la docencia universitaria, a la que se dedicaban también los traductores,
y con lo que se conservaría el propósito original de la editorial.

Sin el deseo de convertir este texto en un simple listado bibliográfico, la gran aportación del Fondo solo puede apreciarse describiendo lo que fueron esas colecciones, con sus diferentes contenidos. Comencemos por Economía: algunos de los ‘cásicos’ serían Adam Smith, David Ricardo y, obviamente, Karl Marx, prueba evidente de su eclecticismo teórico e ideológico; en cuanto al principal autor reciente, se publicó a Keynes en 1943 apenas siete años después de la edición original inglesa; por lo que se refiere a los economistas importantes de esos tiempos, fueron varios los publicados: Maurice Dobb, John Hicks, Joan Robinson, Joseph Schumpeter y John Strachey, entre varios más. Por lo que se refiere a los manuales y libros introductorios, el Curso superior de economía de F. C. Benham –cuidada su edición por el propio Cosío Villegas– fue por muchos años el libro más vendido de la colección. Por lo que se refiere a la sección de Política y Derecho, algunos de los autores “clásicos” traducidos y publicados fueron Hobbes, Locke y Edmund Burke; entre las grandes aportaciones del siglo XX sin duda destacaban las de Herman Heller y G. D. H. Cole, profesor en Oxford, activista Fabiano y en sus ratos libres –seguramente pocos– autor de novelas policiacas. Por su parte, fueron varios los libros coyunturales dedicados al fascismo y a la Segunda Guerra Mundial, como el Behemoth; por último, pocos manuales tan útiles y longevos como la Historia de la teoría política, de George Sabine, profesor en Cornell, traducida por Vicente Herrero, uno de los dos coordinadores de la colección.

Por lo que se refiere a la sección de Sociología, entre sus “clásicos” se publicó a Comte y a Max Weber; entre los grandes sociólogos del siglo XX figuraron Karl Mannheim y Thorstein Veblen; de los libros coyunturales, es de destacarse la Anatomía de la Revolución, de Crane Brinton, y Raza, de Ruth Benedict; por último entre los manuales, la enorme Historia del pensamiento social, de Harry Elmer Barnes, así como un par de libros del propio Medina Echavarría. En Historia la organización fue la misma: “clásicos”, como von Ranke, Burckhardt y Mommsen, único historiador que por su capacidad narrativa recibió el Premio Nobel; principales autores del siglo XX: Bury, Benedetto Croce, Johan Huizinga y Henri Pirenne; “coyunturales”’, Carl Becker; manuales de introducción a la historiografía, los de James Shotwell y George P. Gooch. Sin duda la colección de Filosofía tuvo características singulares: si bien se publicaron clásicos como Spinoza y Hegel, la opción fue publicar a los grandes autores de las principales corrientes filosóficas “de nuestros días”, como Martín Heidegger y Edmund Husserl, pero también a Ernst Cassirer, Collingwood, John Dewey, Nicolai Hartmann y Werner Jaeger.

Por impresionante que parezca, la lista anterior es solo una parte de los muchos autores publicados durante los años que Cosío Villegas dirigió el Fondo: más de doscientos, muchos de ellos “clásicos” modernos y contemporáneos, y todos los demás relevantes. Alfonso Reyes se quejaba poco antes –en 1936– de que México no disfrutaba aún del “banquete de la civilización”. Habíamos tenido durante la época colonial una educación dominada por una Iglesia católica contrarreformista; nuestra Ilustración fue escasa y tardía; el siglo XIX se caracterizó por la violencia ideológica, y fue hasta el siglo XX, con Justo Sierra y Vasconcelos, que se dio prioridad a la educación y a la cultura. Sin embargo, el nacionalismo revolucionario nos aisló por unas décadas de las principales corrientes artísticas e intelectuales del mundo. Sin duda, el Fondo de Cultura Económica fue una de nuestras primeras ventanas al exterior.

Varias características distintivas tuvo el Fondo de Cosío Villegas. Para comenzar, era muy clara su preferencia por los pensadores modernos, pues prácticamente no publicó a clásicos grecolatinos ni a autores medievales; pocos renacentistas y algunos ilustrados, sin duda la mayoría pertenecía al siglo XIX y a la primera mitad del XX. De hecho, el Fondo de Cultura Económica puso a México, y a todo el mundo hispanoamericano, en contacto con los autores que definían la modernidad: Marx, Max Weber y Martin Heidegger, por cierto los tres alemanes, gran aportación para un continente que se había nutrido de pensadores franceses e ingleses. Cierto es que el Fondo apostó por un cuarto autor, Wilhelm Dilthey, al que atribuyó la misma importancia que a Marx, Weber o Heidegger. Probablemente el equivocado diagnóstico procedía del gran aprecio que Ortega y Gasset, maestro de varios de los exiliados, tenía por él. En cambio, no publicó a los otros pilares de la modernidad: Darwin, Nietzsche y Freud. La explicación es sencilla: el pragmático Cosío Villegas sabía que ya habían sido generosamente publicados en España o Argentina, lo que no era el caso de Marx, Weber y Heidegger.

Dos últimos grandes méritos destaco de Cosío Villegas. Coadyuvar a que se estudiaran seriamente la economía, la política y la sociología era ofrecer una mucho mejor opción que las propuestas de solución a los problemas sociales del país que hacían nuestros políticos y funcionarios exrevolucionarios, quienes podrían tener gran sensibilidad social pero adolecían de una terrible baja escolaridad. En este sentido, Cosío Villegas era un leal representante de la generación de 1915, la de “Los Siete Sabios”, convencidos de que la solución a los problemas nacionales debía ser técnica, con diagnósticos y propuestas profesionales. Gabriel Zaid, gran estudioso de los esfuerzos y logros editoriales de Cosío Villegas, subraya su impacto “público”, que puede considerarse auténticamente democratizador. Gracias a su obra en el Fondo y en otros ámbitos, aumentó el número de lectores en el país y se enriqueció la conversación pública con autores como Marx, Werner Sombart, G. D. H. Cole y muchos más. Sin duda, así creció la calidad y el rigor de la crítica de los mexicanos.
También es digno de admiración que toda esta labor la haya hecho Cosío Villegas durante la Segunda Guerra Mundial y los inicios de la Guerra Fría, años de comunicaciones muy deficientes, a lo que se debe agregar las paupérrimas condiciones bibliotecarias del país. En efecto, hubo casos de libros que se querían traducir pero de los que no había ejemplares en México, y hubo casos de autores que pidieron que las regalías y derechos se les pagaran “en especie”. Tal fue el caso de Alfred Weber, hermano de Max y autor de una Historia de la cultura que tuvo una gran acogida durante varios años.
(...) Cosío Villegas abandonó el Fondo para concentrarse en su desarrollo como historiador. En 1947 había publicado su influyente ensayo “La crisis de México”, y uno de sus más lúcidos críticos –José Revueltas– le señaló que carecía de perspectiva histórica. Fue entonces cuando se hizo historiador. Empezó a preparar su voluminosa Historia moderna de México, de la que fue autor y coordinador. Al mismo tiempo fundó, en 1951, la revista Historia Mexicana, que hoy se sigue publicando puntualmente en los términos en los que la creó Cosío Villegas. Diez años después fundó la revista Foro Internacional, para politólogos e internacionalistas, la que también se sigue publicando como él la diseñó. Con estas dos revistas académicas Cosío Villegas volvía a sus orígenes, cuando creó El Trimestre Económico. Continuaba pensando en robustecer la discusión pública y en que los problemas nacionales debían resolverse con una perspectiva técnica. Luego asumiría otra faceta como editor, al fungir como coordinador de un par de obras colectivas dedicadas a la historia del país, ya fueran pequeñas o grandes: la Historia mínima de México, que apareció en 1973, y la Historia general de México (1976), sin duda las obras más influyentes en la conformación de la conciencia histórica sobre el país.

lunes, julio 24, 2023

Tony y Amy...


 Estaba el televisor encendido, y , en el ir y venir de la familia en casa, me pareció que hablaban de la muerte de Tony Bennett. Sólo más tarde pude confirmarlo, y sólo hoy pude recordarlo como se merece. Me hubiera gustado conocerlo, pero inevitablemente me deberé conformar con sus duetos de los últimos años, y sus interpretaciones de baladas. En su recuerdo, su dueto con Amy

martes, julio 18, 2023

Il compagno

 Cesare Pavese escribió toda su obra en no más de quince años, desde 1936 hasta 1949-50. Confinado por el régimen fascista en 1935 por una incidencia menor, poco después comienza a publicar

su trabajo literario. Il compagno recoje impresiones y el ambiente de Italia en esta época. Lo que sigue es la última página de la historia

Ese día Gina quiso cerrar el taller. Guardé la guitarra, pero antes toqué. Gina escuchó y me dijo: -Vamos a aquél figón. Quería decir aquella carretera del campo, donde habíamos ido con los otros. la primera vez, aquella noche al aire libre. La subí a la barra y cruzamos Roma. Me hacía una curiosa impresión ver las calles. Entre la cárcel y que me marchaba esa noche, me parecía una nueva ciudad, la más hermosa del mundo, donde la gente no comprende que está contenta. Como cuando uno piensa que ha sido niño y dice: "Si lo hubiera sabido. Podía jugar" Pero si alguien te dijera: "Puedes jugar", ni siquiera sabrías por dónde se empieza. Yo era ya otro, despegado y contento. Miraba las tascas, los árboles negros, los edificios, las piedras viejas y las nuevas -y comprendía que un sol así no se ve dos veces. Cuánta fruta vendían en Roma. Aquellos verdes, aquellos rojos, aquellos amarillos en los mostradores, eran el color del sol. Se me vino a la cabeza que en Turín comería fruta y sentiría el sabor de Roma así.

Llegamos a aquél sitio. Gina me dijo: -cuántas cosas querría hacer.

-Ya sabes como es -dije entonces-. Nunca se tiene tiempo, es como en la celda. Uno dice: "Cuando salga pienso desahogarme. Pienso hacer las cosas más locas" Pero cuando sales y puedes todo, siempre sólo haces las cosas de antes.

-Quisiera que fuera el primer día. Cuando aún tenías que venir.

-Mañana será como dices.

-Qué espanto. Tú a Roma viniste por casualidad.

- No es eso lo que importa. Las cosas suceden. Basta con querer realmente lo que haces.

Estábamos sentados al aire libre, al sol.

-Son pocas las cosas que quiero -le dije-. Menos aún que antes.

-Scarpa dice que en la cárcel es como los muertos -dijo ella-, da miedo pensarlo.

-No debes pensarlo.

Después le dije: -También están los muertos. Todo consiste en aguantar y en saber el por qué.

Nos quedamos un rato en aquél figón, bebiendo. Gina jugaba con el enrejado y miraba al sol. Los pájaros volaban bajos, Vino un gato y saltó sobre la mesa. También Gina estaba inclinada y concentrada. 

Hablamos de nuevo de Turín y de mi casa. Ella me habló de Carlottina y de mi madre. -¿Las veré cuando vaya a Turín? -decía.

Regresamos a pie, al atardecer. Había un sol de oro entre las piedras y las plantas. Era la hora en que en la cárcel golpean los hierros. Le conté a Gina de Amelio. Ella se quedó oyéndome, agarrada de mi brazo.

-Vendrán a Roma -le dije-, vendrá él también. Como los otros.

Después nos separamos en la puerta de la tienda. Era ya de noche.

 

Final de Il compagno, novela de Cesare Pavese, fechada en 1946, publicada en 1947.

lunes, julio 17, 2023

Hora de pagar la cuenta

Estamos a pocos días de que las dudas se conviertan en verdades, sea para el lado que sea. Y con el beneficio de la anticipación y la incertidumbre, quisiera compartir las reflexiones de José Errasti en The Huffington Post:

Lo dijo Donald Trump: “Podría plantarme en mitad de la Quinta Avenida, comenzar a disparar a la gente, y mis seguidores continuarían votándome”. Repasemos las cosas que puede hacer Pedro Sánchez mientras sus seguidores continúan votándole.

- Puede establecer un acuerdo con la teocracia marroquí en el que se reconoce la soberanía de la dictadura sobre el Sáhara Occidental, y no informar ni dar la menor explicación de dicho acuerdo por más que se le pregunte, de cuya existencia sólo sabemos lo que ha contado el régimen de Mohamed VI. “Es igual, siempre será peor la derecha”.

- Puede llevar cinco años mintiendo respecto de todos los temas con el aplomo con el que sólo ciertas personalidades que se estudian en Psicología pueden hacer. Puede llamar “cambios de opinión” a dichas mentiras, como si fuera una casualidad que todas le beneficiaran a la hora de mantenerse en el poder. “Es igual, siempre será peor la derecha”.

- Puede abrazar la ideología queer en la Ley Trans, el mayor ataque reaccionario y machista sufrido por el feminismo en nuestro tiempo, con graves efectos sobre la salud de los menores y la seguridad jurídica de las mujeres, haciendo doctrina oficial del Estado una teoría extravagante que está al nivel del terraplanismo. “Es igual, siempre será peor la derecha”.

- Puede poner de fiscal general del Estado a un ministro de Justicia, de miembro del Tribunal Constitucional a otro ministro de Justicia, indultar a delincuentes que aseguran que volverán a delinquir y eliminar el tipo penal de tal delito, dejar que el curso de la legislatura dependa de fuerzas que desean que desaparezca este Estado. “Es igual, siempre será peor la derecha”.

Y quizá lo sea, pero no por mucho tiempo, porque en política el sueño de la impunidad produce monstruos, y ser “de izquierdas” —¡ay, qué risa!— no es un antídoto. La existencia de Fakejóo no lo justifica todo. Son ellos los que no deben beneficiar a pederastas y violadores para que les sigamos votando, no nosotros los que debemos seguir votándoles aunque beneficien a pederastas y violadores. En política uno sólo es lo que hace, y no vale apelar a una bula a priori para que no pasen factura las barbaridades cometidas. Colocar a Sánchez —¡ese megalomaníaco cuyo único rasgo es la obsesión por el poder a cualquier precio!— en un contexto de impunidad es garantía de catástrofe. Conozco religiones en donde los creyentes están menos sometidos a sus líderes que en la izquierda española.

Todos sabemos que si hubiera sido un gobierno PP-VOX el que hubiera puesto en la calle a más de cien agresores sexuales nos enfrentaríamos —¡y con razón!— a huelgas generales. Lo que para muchos sería un motivo para reclamar la ilegalización del partido en caso de que el partido sea VOX, no es ni siquiera motivo para dejar de votarles en caso de que el partido sea el PSOE. En nuestro voto está favorecer que el PSOE salga del 23-J convertido en una caricatura desquiciada o iniciando un proceso de sensatez. A los políticos hay que educarles como a los niños. Como a los niños chicos. Porque, si no, acaban plantándose en mitad de la Quinta Avenida y disparando a la gente. ¿Qué más, qué carajo más tiene que pasar para que mandemos al PSOE al rincón de pensar durante una legislatura?

Es decir, lo que para algunos resulta evidente, para otros sucede de otra manera, y lamentablemente suele ser lo que obtiene la mayoría. Vengo de un país que lo certifica así desde hace alrededor de ochenta años, votando una y otra vez la misma linea de acción, las mismas personas, los mismos lemas, las mismas justificaciones, el mismo resultado de progresiva ruina y embrutecimiento; y siempre con el argumento de que "la contra" es peor. Valga de advertencia y aviso: cúrate en tu vecino: hace ochenta años, Argentina era un país próspero, inteligente, emprendedor. Hoy existe turismo internacional para visitar las villas (favelas en Brasil, chabolas en España).

domingo, julio 16, 2023

La inteligencia artificial y Sócrates


Wolfram Eilenberger hace algunas reflexiones sobre sus pruebas al ChatGPT, acudiendo al espíritu de Socrates. Publicado en Letras Libres este mes, una extensión de lo adelantado en Zenda hace poco:

Como muchos de mis congéneres, he pasado las últimas semanas tratando de llevar hasta sus límites conversacionales una nueva forma de inteligencia artificial llamada ChatGPT. Lo hacía sobre todo con preguntas que planteaba a futuros becarios en una vida profesional anterior. Por ejemplo: “¿Qué hora es en el sol?”, “¿qué diferencia hay entre ‘aparentemente’ y ‘a primera vista’?”. O incluso: “¿Cuántos géneros no existen?” Preguntas, en otras palabras, que, aunque no sean directamente metafísicas, exigen una intensa plasticidad mental.

Debo decir que la maquinita resistió sorprendentemente bien. Solo a la tercera pregunta capituló como le correspondía y –sin la menor duda– emitió una bienintencionada nota de prensa sobre el estado actual de la visión progresista de los géneros.
¿Y después? Pues nada más. Solo un cursor parpadeante, demasiado preparado para afrontar el siguiente reto que responder. Fue el momento en que me llamó la atención por primera vez la potencial naturaleza abismal de la innovación. Más concretamente, la imagen de una cultura venidera que vería todos los ideales del diálogo socrático convertidos en su contrario. Una cultura sin filosofía en el verdadero sentido de la palabra.

A diferencia de Sócrates, el chatbot ni siquiera sabe que no sabe nada. Por eso, en su mercado, solo opera con respuestas supuestamente basadas en hechos y no con preguntas sin respuesta. En lugar de esforzarse por mostrar ideas eternas, cada una de sus afirmaciones se basa en probabilidades siempre cambiantes. En lugar de desconfiar profundamente de la escritura como medio, como hacía Sócrates, porque permitía fingir el conocimiento, los chatbots se basan en la simulación del conocimiento a partir de textos escritos. En lugar de detenerse asombrado ante las preguntas más elevadas, el chatbot siempre ofrece alguna tontería inventada libremente, aunque no exista ningún dato para sustentarla. En lugar de sopesar las voces que participan en una conversación libre, se basa en su mera recopilación y recuento. En lugar de cuestionar productivamente la autoridad, iguala toda forma de autoridad evolucionada. En lugar de esforzarse por salir de la cueva de lo meramente creído con cada nuevo término, sus parpadeantes palabras en la penumbra se hacen pasar por la realidad misma. En lugar de ser impulsado por su propio demon, el devenir del chatbot es impulsado por el anónimo mammon. En lugar de buscar su propia voz, imita a la perfección la de todos los demás. En lugar de emanciparnos cada vez más como seres que aprenden, amenaza con dejarnos a todos en la condición de becarios permanentes.

No cabe duda de que ha comenzado una nueva era. Lo único que queda por aclarar es para qué género representa un progreso no solo aparente. Desde luego, no para el de los hombres socráticos. ¿O no es así?

Eilenberger pone la discusión en sus correctos términos, Sócrates, hace más de 2500 años, sentó unas bases, o develó unas bases que abrieron los métodos de razonamiento. La mayor diferencia entre él y la inteligencia artificial está en la autoconciencia: Sòcrates fue capaz de plantearse que él podía no saber sabía nada sobre cada tema que se le proponía, pero era capaz de llegar a la verdad en base a la interrogación y el diálogo sobre el problema. Realmente, hay rasgos de semejanzas entre Sócrates y la discusión con los sofistas.

La foto, en Wikipedia: De Sting, CC BY-SA 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=96296061


martes, julio 04, 2023

Entre el pasado y el futuro


 Moritz Schlick, un investigador en física y filosofía, alemán de orígen judío, fue otro de los grandes intelectuales que destacaron a Alemania en las primeras décadas del siglo XX. Partiendo de la física (fue alumno de Max Planck) derivó sus investigaciones hacia la filosofía, y contribuyó  primerísimamente a la fundación del Círculo de Viena (1922), un punto de encuentro para la discusión de los fundamentos de la ciencia y el conocimiento. El Círculo conoció poco después de su publicación el Tractatus Logico-philosophicus de Wittgenstein, que se convirtió en centro de sus discusiones: Schlick, Carnap, Gödell, Neurath, giraban sus discusiones alrededor de las proposiciones de Wittgenstein, y fueron la base de gran parte del pensamiento lógico y científico posterior.

 La década del 20 fue de florecimiento del pensamiento, con Alemania destacando en ciencia y artes. La década siguiente fue el comienzo del desastre. De pronto, vivir en Alemania, Austria, se convirtió en algo peligroso.Y así, los integrantes del Círculo de Viena fueron presionados a emigrar, o fueron víctimas directas del nazismo, entre ellos, Schlick. Su muerte en Wikipedia:

Debido al ascenso del nazismo en Alemania y Austria, muchos de los miembros del Círculo de Viena emigraron hacia Estados Unidos y el Reino Unido. Schlick, sin embargo, permaneció trabajando en la Universidad de Viena. Cuando fue visitado por Herbert Feigl en 1935, Schlick expresó su consternación por los acontecimientos en Alemania. El 22 de junio de 1936, cuando Schlick subía las escaleras de la universidad para ir a clases, un exalumno, Johann Nelböck, desenfundó una pistola y le disparó en el pecho. Schlick murió poco después. Nelböck fue juzgado y sentenciado, pero se convirtió en una cause célèbre para el creciente sentimiento antisemita de la ciudad (el hecho de que Schlick no fuera judío fue pasado por alto). Nelböck fue liberado bajo palabra poco después y se convirtió al partido nazi austriaco después del Anschluss.
Y también su maestro Planck:

Durante la Segunda Guerra Mundial, Planck intentó convencer a Adolf Hitler de que permitiera el trabajo de los científicos judíos, sin gran éxito, sin embargo.​ El régimen nazi y la guerra azotaron duramente a la familia Planck. Perdió a su hijo Erwin Planck, asesinado por los nazis el 3 de enero de 1945, a pesar de las peticiones de indulto y clemencia que Max Planck hiciera a Hitler, intentando salvar la vida de su hijo. Esta gran pérdida se sumaba a otra, que ya acababa de sufrir: su casa de Berlín-Grünewald (y con ella toda su biblioteca, con miles de volúmenes e irrecuperables manuscritos), resultó incendiada y completamente destruida a causa de un bombardeo aéreo en febrero de 1944.

De la terminación de la segunda guerra mundial han pasado ya casi ochenta años, pero persiste como la radiación de fondo que testimonia al Big Bang. A veces olvidada, persisten brasas que vemos periódicamente, hasta alcanzar el nivel de hoguera en la actual guerra entre Rusia y Ucrania. Vengo de Argentina, un país que no participó directamente, pero la vivió entonces, y mucho más en su vida posterior: cualquiera conocía o era vecino de un emigrado, o fugitivo, o refugiado, un italiano, un yugoslavo (hoy sabríamos si era un croata, un servio, un montenegrino), un ruso, un ucraniano, un polaco, muchos de ellos judíos. Escuchamos sus historias, asombrosas, inconcebibles, de hombres y mujeres comunes, arrastrados por una ola que abarcó todo. Gentes que silenciosamente reconstruyeron su vida lejos de su patria y sus ancestros, como pudieron, y entregaron una segunda generación americana ya olvidada de la guerra. Una lectura fría de los hechos y números de la guerra hablan de un mundo difícil de imaginar hoy: el bombardeo diario del Reino Unido o de Alemania durante cerca de seis años, día tras día, la caída asombrosa de Francia, Bélgica, Holanda, la destrucción de Polonia, la gigantesca invasión de Rusia y su posterior contraataque, donde millones de soldados participaron, fueron muertos o cayeron prisioneros; la esclavitud y exterminio de millones de judíos y otras minorías. Y así en Africa, y en Asia; millones de soldados en China, en Indochina, en Filipinas, millones de muertos y emigrados, durante años. Como si el mundo hubiera recibido un meteorito que dejara por años el cielo oscurecido e irrespirable. Por años, vivimos la diáspora más gigantesca que padeciera la humanidad.

Así como la gente común fue arrastrada por esta catástrofe universal, así también pesó en la cultura y los intelectuales: Alemania vivió la emigración de sus profesores universitarios, ingenieros, diseñadores, arquitectos, artistas, físicos, matemáticos, en las persecuciones de preguerra. Francia, Italia, Inglaterra, Rusia,  encontraron a sus intelectuales convertidos en soldados o partisanos, como Orwell, Camus, Sartre, Pavese; o muertos, como Saint Exupéry, Glenn Miller, Schulz, Webern, o tantos que fueron arrastrados a los campos de concentración (ver una lista en Wikipedia). Hannah Arendt dice que sin embargo, en ese desmoronamiento, los intelectuales "se encontraron a sí mismos": La caída de Francia, para ellos un acontecimiento completamente inesperado, había vaciado el escenario político de su país de la noche a la mañana para dejarlo poblado de fantochadas de pícaros y tontos, y quienes nunca en realidad habían participado en los asuntos oficiales de la Tercera República se vieron absorbidos por la política con la fuerza del vacío. De esa manera, sin haberlo pensado antes y aún en contra de sus inclinaciones conscientes, llegaron a configurar a pesar suyo un ámbito público en el que -sin los elementos de la oficialidad y oculto a los ojos de amigos y enemigos- se hizo, de palabra y de obra, todo lo que era importante en los asuntos del país (...) habían descubierto que quien se <<unió a la Resistencia, se encontró a sí mismo>> (En el prefacio de La brecha entre el pasado y el futuro).

La foto, Schlick en los años 30. (Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1516514)

domingo, junio 25, 2023

Wittgenstein

 


Del artículo de Daniel Arjona, en El Confidencial, 14/02/2019:

Ocurrió en Cambridge en 1929 y fue el examen oral de doctorado más extraño de la historia de la filosofía. En el tribunal examinador se sentaban dos luminarias: Bertrand Russell y G. E. Moore. El estudiante que comparecía ante ellos era un exmilitar austriaco de 40 años que llevaba diez trabajando como maestro de escuela. Sus inicios habían sido fulgurantes, legendarios, pero, tras publicar su primera obra, decidió "haber resuelto definitivamente todos los problemas del pensamiento", regaló su fortuna familiar y desapareció para ganarse la vida "con un trabajo honrado". Ahora, ya cuarentón, no tenía medio de vida alguno y se presentaba ante aquellos examinadores que tan bien le conocían y le observaban intrigados. Pero se trataba de un examen, el alumno había presentado como tesis doctoral precisamente aquel mítico y muy oscuro primer libro suyo, y estaban obligados a hacerle preguntas al respecto. ¿Qué había querido decir exactamente aquí? ¿Y aquí? ¿Y aquí? El examinado intentó explicarse, balbuceó, sudó... pero nadie nunca había expresado ideas semejantes a las suyas, ¿a santo de qué seguir esforzándose? Harto, Ludwig Wittgenstein se levantó, se acercó al estrado, dio unas palmadas en el hombro a Moore y a Russell y pronunció esa frase con la que desde entonces sueñan todos los estudiantes de filosofía que defienden su tesis: "No se preocupen, sé qué jamás lo entenderán". Le aprobaron, claro. ¿Qué otra cosa podían hacer?

 Y esta conversación:

En 1919, el autor del 'Tractatus Logico-Philosophicus' es un joven trágico que ha visto cómo se suicidaban tres de sus cinco hermanos, que ha combatido en la Primera Guerra Mundial -y ha sido hecho prisionero- con osadía temeraria, siempre en primera línea de fuego, y que decide renunciar a una fortuna familiar de cientos de millones de euros. Cuando su querida hermana Hermione le replica que poner todo su talento a funcionar a medio gas como maestro de escuela es como usar un instrumento de precisión para abrir cajones, Ludwig Wittgenstein le contesta con otra símil dolorosamente hermoso: "Y tú, hermana, me haces pensar en una persona que mira a través de una ventana cerrada y no puede explicar los movimientos peculiares de un transeúnte; no sabe que fuera hay un vendaval y que a ese hombre acaso le cuesta mantenerse en pie".  

Daniel Arjona, a propósito del libro "Tiempo de Magos. La gran década de la filosofía 1919-1929" de Wolfram Eilenberger.

La fotografía, en El Confidencial


miércoles, junio 07, 2023

Pensamiento y robot

 


Wolfram Eilenberger, en un reportaje de Javier Ors en Zenda:

Todos reconocemos la primacía de las preguntas, pero, sin embargo, ahora tenemos un montón de máquinas que lo único que saben hacer es proporcionarnos respuestas. Estas máquinas, desde el ChatGPT a otras, tienen contestaciones para todo. Vivimos realmente en una pesadilla, la pesadilla de la cultura de las respuestas. Estas máquinas no tienen preguntas, solo contestaciones. Aunque sean imaginadas y malas. Las máquinas no son capaces de plantear preguntas porque no tienen esa capacidad. Es importante, por la fase en la que nos encontramos los humanos, recordar la primacía que posee la pregunta en el conocimiento, porque creo que el destino de la raza humana va a residir en esto.
No lo conocía. Gracias a Zenda!. Dos libros que habrá que leer: Tiempo de Magos, dedicado a Martin Heidegger, Walter Benjamin, Ernst Cassirer y Ludwig Wittgenstein, en un momento singular de la historia del siglo XX y de Alemania, y El fuego de la libertad, dedicado a Simone de Beauvoir, Hannah Arent, Simone Weil y Ayn Rand, en un momento posterior y dramático del siglo XX,

La foto, en Wikipedia en alemán: Von Kleinkleckersdorf (Diskussion) - Michael Heck, CC BY-SA 3.0 de, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=49352772. Curioso, en Wikipedia sólo hay un corto artículo en alemán, y versiones en finlandés (suomi), francés y neerlandés.

viernes, junio 02, 2023

Censura de nuevo cuño

 


Dice Carlos Mayoral en Zenda (Llegó el día: censuran La vida de Brian)

 Seguro que recuerdan la escena, pues, como tantas otras, ha convertido a La vida de Brian en una de las películas más proféticas de cuantas se han rodado nunca. En ella el personaje, Stan, exige ser llamado Loretta a partir de ese instante. ¿El motivo? Quiere ser una mujer y tener hijos. Sentados en una suerte de anfiteatro romano, bajo el calor de Judea, los protagonistas deslavazan sus mentes. «Pero no puedes tenerlos, no tienes matriz, y de eso nadie tiene la culpa, ni siquiera los romanos», responde alguien. «No me oprimas», responde Loretta, visiblemente enfadada. Finalmente, el grupo decide luchar por el derecho de Loretta a tener hijos, pese a que no puede tener hijos. «¿De qué sirve entonces?», pregunta de nuevo alguien. «Será un símbolo de nuestra lucha contra la opresión», deciden finalmente. «O de nuestra lucha contra la realidad», sentencian por fin con un ligero bisbiseo. Los Monty Python habían vuelto a dar en el clavo, una vez más. Tocaban con mimo el resorte de una sociedad que empezaba a macerar esa fiebre wokista que no tardaría en aflorar.

Explicaba John Cleese, uno de los seis miembros de los Monty, que precisamente esta escena les había traído problemas últimamente. Al parecer, al llevar a cabo la lectura del guion de la nueva obra de teatro que pretenden estrenar en Nueva York sobre la vida del travieso Brian, a quien tanta gente confundió con el Mesías, la productora solicitó que se eliminara la escena de Loretta por ser especialmente poco sensible con la situación actual. Es decir, que se cumple lo que la escena predice, en una suerte de metarrealismo teatral: los Monty son censurados porque no son capaces de pelear contra la opresión, de pelear contra la realidad. Un esperpento que habla de hasta qué punto está dispuesta a llegar esta nueva moral: eliminarán una escena que nadie en cuarenta años se atrevió a eliminar, pese a lo mucho que se ha perseguido esta cinta. Triste sino este, al albur de fanáticos disfrazados de humildes samaritanos.

Es difícil que un largometraje moleste tanto como este. Brian dispara contra fanáticos religiosos, pero también contra fanáticos antirreligiosos. Lo hace contra aquellos que hoy derriban estatuas en pos de un antiimperialismo impostado («aparte del alcantarillado, la sanidad, la enseñanza, el vino, el orden público, la irrigación, las carreteras y los baños públicos, ¿qué han hecho los romanos por nosotros?»), pero también contra aquellos que ven en la patria un faro hiperbolizado. Dispara contra la fragmentación política, pero también contra la dictadura única. Dispara contra dogmáticos y escépticos, contra sacrílegos y sacralizadores. La vida de Brian es, en suma, una de las más altas cotas de humor alcanzadas, y censurarla es, de algún modo, censurarnos. Porque, como digo, en esta cinta estamos todos, el friso completo de una sociedad desquiciada por sus complejos éticos. Así que, si el primer síntoma de una sociedad sana es aprender a reírse de sí misma, no cabe duda de que debe estrenarse con todo, sin machacar un solo segundo. Déjennos reír a gusto, carajo.


 

miércoles, mayo 31, 2023

Felix Ovejero: izquierda y nacionalismos

 


Este domingo pasado España ha hablado con mucha claridad en su voto, acerca de las cuestiones más diversas, o mejor, de todas ellas. El voto ha castigado con mucha precisión a personas, agrupaciones, ideas, y proyectos de futuro, y de una forma abrumadora, potente, para que no queden dudas. De muchas cuestiones resueltas se puede hablar y reflexionar, y una de las primeras es la del nacionalismo catalán, que ha recibido un golpe ¿inesperado?. No se ha terminado su reino en Cataluña, pero ha recibido una advertencia de que la sociedad no le responde, y que va llegando la hora de volverse a casa. Particularmente golpeada ha sido ERC, que deja sus sueños de dominio con un tercer puesto y 200.000 votos menos que el primero (PSC). Y la CUP, que prácticamente desaparece con poco más de un 3% de los votos. 

Reflexionando sobre estas elecciones, Felix Ovejero, en ABC, habla de la asociación que conformaron en general la izquierda y el nacionalismo catalán (también otros, en otras partes de España). Pero a propósito de esto, un año antes Ovejero publicaba un libro, Secesionismo y Democracia, que califica esta asociación. Estas son algunas de sus afirmaciones:

A propósito del "relato del nacionalismo catalán":

Se sostiene en dos falacias. La primera, que la Guerra Civil fue una guerra de España contra Cataluña. Si fue algo, fue una guerra de ricos contra pobres, y por eso la represión fue infinitamente superior en Extremadura o en Andalucía que en Barcelona o Bilbao. La segunda falacia es que el franquismo hizo una guerra contra Cataluña, cuando en realidad aquí hubo una clase privilegiada que se benefició de la dictadura y de una clase obrera sin derechos. Si miras las tasas de crecimiento de la economía de Cataluña durante la dictadura son incluso mejores que ahora mismo. Esas dos falacias contribuyen a crear el mito de que España es una especie de dictadura frente a la Cataluña democrática. La izquierda ha contribuido a difundir esa falacia.

A propósito del "derecho a la rebelión":

El derecho tradicional a la rebelión se planteaba ante el tirano, ante el dictador, para no estar comprometido con esas decisiones. Esto no ocurre en Cataluña. La lengua mayoritaria está excluida de las instituciones. El poder se ha convertido en un negocio personal. Corruptos y delincuentes están decidiendo los gobiernos desde las cárceles. La duda es si ese gobierno es legítimo. Si hay un derecho de rebelión es de los ciudadanos de Cataluña frente a unas instituciones que no respetan el elemental contrato social, no ya de Cataluña respecto al resto de España, sino dentro de Cataluña. Intente pasearse con la bandera constitucional por Gerona, mire lo que le pasó a Vox… tienen el elemental derecho democrático de defender sus ideas en cualquier parte. O el trato al Rey, con la complicidad del Gobierno. Esto ocurre porque aquí no hay una democracia genuina. (...) Pero el derecho a decidir en realidad niega unilateralmente la condición de ciudadanos a un conjunto de españoles. Palabras como 'igualdad' o 'libertad' se están maltratando; las usan para no decir que son racistas: Pujol tiene declaraciones racistas que en cualquier país de Europa hubieran acabado con su carrera política, y quien dice Pujol dice Junqueras y otros políticos. Es un pensamiento racista que está en el arco de declaraciones del Parlamento catalán. Con Inés Arrimadas han caído en eso porque es de fuera.

Y acerca de la izquierda catalanista, o nacionalista en general:

La izquierda ha desaparecido en España. Se ha comprometido con partidos reaccionarios que defienden la identidad. No nos olvidemos de que el PNV defiende que, por ser diferentes, no deben pagar los mismos impuestos ni formar parte de la misma comunidad de ciudadanos. Por eso cuando la gente se asombra de que Savater haya votado a Ayuso… Se ha recompuesto tanto el paisaje político que no hay razones para extrañarse. Ayuso ha hecho un ejercicio de planificación más propio de la izquierda que de la derecha. Buena parte del pensamiento conservador histórico, el que aparece contra la revolución francesa, habla de combinar la identidad –el espíritu de un pueblo– con la comunidad política. Pero es que el nacionalismo catalán tiene una paradoja fundamental: quieren construir la nación. Si hay que construirla, es porque no existe. Apelan a un derecho inexistente, niegan su propia existencia. Como no había una comunidad de identidad, el nacionalismo pujolista se propuso imponerla. De una manera totalitaria decidieron cómo debían ser las pautas de comportamiento.


miércoles, mayo 24, 2023

A cuatro días de la verdad

 En cuatro días, este domingo, podremos decir lo que pensamos de nuestro gobierno valenciano, y ojalá sea un plebiscito sobre la coalición que nos rige desde hace ocho años, un voto de repudio. Ojalá sea el último paso de un gobierno fundamentalmente aliado del nacionalismo catalán, seguidor vergonzante de las políticas separatistas, y de las directivas discriminatorias de más de la mitad de la población de la comunidad. Gracias al señor Ribó, Compromis y el silencio o colaboración del PSOE, el puerto de Valencia sigue esperando las mejoras que lo conviertan en el puerto más importante del comercio en el Mediterráneo español; gracias al señor Ribó no competimos por obtener la copa América, que sí pujó Barcelona;  gracias a los consejeros de Cultura estamos derivando a la discriminación idiomática que hoy reina en Cataluña tanto en la enseñanza a todo nivel, como en la atención al público en las instituciones; gracias al señor Ximo Puig el campo se queda sin agua, incapaz de defender a su comunidad ante el gobierno nacional; gracias al señor Grezzi es imposible transitar por Valencia, salvo que usted sea un deportista en bicicleta: una población envejecida es impulsada a quedarse en casa, porque debe esperar 20 minutos un autobús, y luego tomar otro para alcanzar el punto al que vaya. Gracias a los consejeros de Salud, nos quedamos sin hospitales y clínicas privadas que atiendan lo que Sanidad no puede atender, y gracias a ellos se ponen camas en las salas de espera, y aguantamos meses para ser atendidos por un especialista.

Pero más allá de la torpeza y sectarismo de nuestros gobernantes, probablemente el mayor impacto de su administración ha sido uno de larga duración: el acercarnos a las políticas divisionistas y separatistas de sus socios y amigos nacionalistas de Cataluña. Ojalá hasta aquí lleguen, y no más.

¿Estos años estuvo todo mal? No, un logro económico fue obtener la sede de la planta de baterías de Volkswagen, recordando que se materializó con la oposición de los minoritarios de la coalición; promover la radicación de nuevas empresas de tecnología, sin dejar de recordar que una buena parte de esa iniciativa vino de empresas privadas. Incluso las directivas de regulación de la circulación en la ciudad tienen una cara positiva, si nos olvidamos del impacto que tiene en las personas condenadas a usar el transporte público.

¿Cómo pesarán los pro y los contras los votantes? el domingo lo sabremos.

A todos ustedes, gracias, y ojalá sea el último día.

domingo, mayo 07, 2023

La edición en Iberoamérica


 Hubo una época, desde mediados de los treinta hasta mediados de los setenta del siglo XX, en que casi todo lo que pudiera leerse en castellano, se imprimía en América, fundamentalmente en Argentina y México, aunque también en Chile y Colombia: un fenómeno que combinó dos circunstancias: la trabajosa creación de un mercado americano editorial, y el desenlace de la guerra civil española: la censura posterior, y la llana emigración de centenares de intelectuales a América, llevó la edición en castellano a Argentina y México. Aunque quizá sea mejor usar el orden inverso, ya que la emigración mayoritariamente se trasladó a México: los gobiernos argentinos de los años treinta no muy amigos de los exiliados españoles, mientras que en México el exilio fue recibido como gobierno. 

Corresponde aclarar que las editoriales latinoamericanas tienen existencia desde la época colonial, y un desarrollo que comienza a despuntar desde mediados del siglo XIX. La Librería del Colegio en Buenos Aires, era original del siglo XVIII, y fue imprenta durante el proceso de independencia; la imprenta de Emilio Coni editó libros desde 1853 en Argentina; las imprentas de El Progreso y Julio Belin en Chile, desde los años 40 del siglo XIX; la editorial Estrada, desde 1869. Porrúa, fundada por los hermanos españoles Porrúa en Mexico,  publicaba desde comienzos del siglo XX, aunque es en los cuarenta cuando se amplía su desarrollo. Solo en el caso de Argentina, Kapelusz,(Adolfo Kapelusz, austríaco) ,  publicaba material educativo desde 1910; El Ateneo, (Pedro García, español), publicaba desde 1912; la editorial Tor (Juan Carlos Torrondell, español) desde 1916; editorial Atlántida, fundada por Constancio Vigil, uruguayo, desde 1918; la editorial Claridad (Antonio Zamora, español), desde 1922. Estas empresas trascendieron sus mercados locales, y en algún caso, se hicieron un nombre en Latinoamérica.

 En resumen, el auge editorial de las décadas del 30 al 60/70, favorecido por la caída de la república en España, es la culminación de un proceso que se gestó en otra excepción: la primera guerra mundial. Si a principios del siglo XX la edición en América estaba dominada por editoriales francesas, alemanas, inglesas y estadounidenses (tengo presente a Hachette especialmente; el Facundo de Sarmiento, fue impreso por Hachette en Paris en 1874, y por Appleton en Nueva York en 1868). La guerra favoreció la ocupación del espacio abandonado por los paises combatientes, por nuevos participantes americanos y editores españoles que hasta entonces sólo controlaban una porción mínima del mercado.


Ese florecimiento se mantuvo por cerca de treinta años, desde los treinta hasta los setenta como mínimo, mientras crecía y retomaba posiciones el mercado editorial español. Este ciclo fue de importancia fundamental para Latinoamérica, al impulsar la difusión de las culturas americanas (Argentina, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, Cuba, México) y la investigación, y también por la entrada al mundo hispanoamericano de la investigación científica y humanística abierta a las corrientes que circulaban en el mundo. Una característica de la publicación en esos años, es el impulso a autores americanos, junto a autores hispanos apartados por la censura franquista, tarea comenzada por el Fondo de Cultura mexicano y siguiendo por las nuevas editoriales, particularmente Losada, Sudamericana y Espasa-Calpe en Argentina. El fenómeno de la Nueva Novela Latinoamericana hubiera tenido otras características, o hubiera sido diluído, si ese cambio de eje no se hubiera producido entonces.

Probablemente el resultado más importante de ese florecimiento fue el nacimiento del Fondo de Cultura Económico, una editorial que tanto entonces como ahora, ha promovido la publicación de escritores españoles y americanos, además de excelente material traducido. (no dejo de recordar el monumental trabajo de Werner Jaeger, Paideia, y la traducción de Joaquin Xirau y Wenceslao Roces). El fundador del Fondo fue el economista mexicano Daniel Cosío Villegas, en 1934, con la aprobación y participación del gobierno del presidente Cárdenas. Antes de esto, Cosío Villegas negoció con Calpe y con Aguilar un proyecto en la línea de lo que luego asumió el Fondo. Ese primer proyecto fue desechado por las editoriales españolas (según parece, por negativa de Ortega y Gasset como parte de la negociación en nombre de Calpe, que llamó al proyecto "cena de negros"). Sin embargo, caída la república son muchos los emigrados que participan en la actividad del Fondo. Cosío Villegas propone y consigue del presidente Cárdenas, la creación de una Casa de España (luego Colegio de Mexico), donde continuaran su actividad un grupo seleccionado de intelectuales e investigadores emigrados, que luego en general trabajaron para el Fondo de Cultura. La primera filial del Fondo se crea en Argentina en 1945, dirigida por Arnaldo Orfila Reynal, argentino, quien reemplazó luego a Cosío Villegas en la dirección del Fondo desde 1948. A la argentina le siguieron otras filiales del Fondo en Chile, Colombia, Ecuador, España, Estados Unidos, Guatemala y Perú. Puede decirse que esta editorial es el fundamento del gran desarrollo de ediciones iberoamericanas, por el número de intelectuales que suma, y persiste a pesar del tiempo y los vaivenes políticos sucedidos en sus cerca de ochenta años de existencia. 


La otra gran editora mexicana de esta época es Siglo XXI, fundada por Orfila Reynal en 1965 tras ser despedido del Fondo, por ser izquierdista en un momento en que en Mexico seguía una línea conservadora. La nueva editorial se propuso publicar material nuevo, contando con la colaboración de muchos escritores e investigadores, parte de los cuales trabajaban o publicaban en el Fondo, y renunciaron a él para lanzar Siglo XXI (Jesús Silva Herzog, Pablo González Casanova, Guillermo Haro, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Fernando Benítez , Elena Poniatowska). Tengo presente, de las primeras ediciones, al Heráclito de Rodolfo Mondolfo, y Las Palabras y las Cosas, de Michel Foucault. Orfila Reynal se mantuvo en la conducción de la empresa hasta 1989 (Orfila murió en 1998, con 101 años). En 1966 y 1967 se fundaron las filiales de Argentina y España. Algo apagada, subsiste hasta hoy, ahora comprada por el grupo Capital intelectual, del argentino Hugo Sigman. Muy ligada a la caída de la república española y la emigración está la creación de Grijalbo, fundada en 1949 por Juan Grijalbo. Este caso es típico de ese período y su evolución posterior: fundada por un emigrado, cuando España entra en la Transición, translada su sede a España,  para luego ser comprada por el grupo Mondadori, que a su vez es absorbido por Penguin-Random House.

Mientras tanto, en Argentina, se produjo la fundación de nuevas editoras a partir de sus casas originales españolas, o con aporte empresario español, como parte de la diáspora que generó la guerra civil: Sopena Argentina, filial de Sopena de España, que, además de sus ediciones literarias o de diccionarios, creó una revista que fué importante por años: Leoplan, donde trabajaron periodistas conocidos en Argentina (Enrique González Tuñón, Carlos Duelo Cavero, Adolfo R. Avilés e Ignacio Covarrubias y jóvenes como Horacio de Dios, Rodolfo Walsh, Miguel Bonasso y Sergio Caletti). Espasa-Calpe creó en 1937 su filial en Argentina, piloteada por su fundador Nicolás María de Urgoiti, cuya colección Austral llegó a publicar más de mil títulos. Espasa-Calpe fue finalmente adquirida por el grupo Planeta en 1991.  Sudamericana, fundada en 1939, con directorio argentino y español (Victoria Ocampo, Carlos Mayer, Oliverio Girondo, Alfredo González Garaño, Rafael Vehils, Enrique García Merou, Jacobo Saslavsky, Antonio Santamarina, Alejandro Shaw, Andreu Bausili, Eduardo Bullrich y Alejandro Menéndez Behety), y gestión de Antoni Lopez Llausás, a poco de comenzar, debido al desconocimiento de la tarea editorial del grupo fundador: allí se publicó William Faulkner, Leopoldo Marechal, Salvador de Madariaga, Virginia Wolf, Julio Cortázar, García Márquez (Rayuela y la primera edición de Cien Años de Soledad); en el mismo plano, Losada,  creada en 1938 por el español Gonzalo José Bernardo Juan Losada Benítez, nacida a partir de su alejamiento de Espasa-Calpe. Losada fue fundamental en la difusión de autores americanos, emigrados y nuevas corrientes europeas (Sartre y Camus fueron publicados por Losada); también Emece, fundada en 1939 por Mariano Medina del Río y Álvaro de las Casas, primero absorbida por su filial española, y hoy subsidiaria de Penguin Random-House. En esa década, diversas editoras argentinas inician su publicación: Paidós, creada en 1945, editora de material en psicología y sociología especialmente. Agrego a Heliasta (Guillermo Cabanellas de Torre), 1944, especializada en Derecho, ya que, avanzando el siglo, compró la editorial Claridad, y continuó su trabajo, asumiendo el nombre, como Grupo Claridad. Estas editoriales no sólo difundiern los nuevos de Iberoamérica, sino los grandes escritores de Europa y la América de habla inglesa, mayoritariamente a precios que los hicieron accesibles a todo el mundo, y en su mejor momento recorrieron el camino inverso de la emigración, abriendo subsidiarias en España (Emece, Edhasa filial de Sudamericana)

En 1955 se crea Jacobo Muchnik Editor, que luego se convierte en Fabril Editora, publica sociología, psicología, literatura, entre ellos, Witold Grombrowicz, Franz Kafka, Ernesto Sábato, Arthur Miller.

Tardíamente, ya en épocas en que los vientos cambiaban, se agrega EUDEBA, en 1958, con semejanzas al Fondo de Cultura, dependiente de la Universidad de Buenos Aires. EUDEBA (su primer directorio lo componían José Babini como presidente, Guillermo Ahumada como vicepresidente, Humberto Ciancaglini como secretario, José Luis Romero, Alfredo Lanari, Telma Reca de Acosta e Ignacio Winizky como vocales, y Enrique Silberstein como síndico). EUDEBA publicó (aún lo hace) gran cantidad de material de investigación en ciencias, sociología, economía, historia, literatura. Fue gerenciado por Boris Spivacow, quien, luego de ser despedido por el gobierno militar de Onganía, fundó el Centro Editor de America Latina, que publicó ediciones económicas de difusión científica y literarias y filosóficas (colecciones de historia de la ciencia, escritos de filosofía y literatura. Hay un listado de colecciones en Wikipedia)

Resumiendo, hay un período de varias décadas, coincidiendo con los años de la guerra civil en España, y la posterior censura franquista, que favoreció un gran crecimiento editorial en América. La dada es una lista incompleta y más que simplificada del trabajo editorial de esas décadas, que habría que completar. De ese viaje a América sólo se han producido ventajas, en la apertura del pensamiento, en la inclusión de nuevos autores que de otra forma no hubieran florecido con la misma facilidad, en la creación de una cultura editorial y aún un paso más, favoreciendo el mundo periodístico americano y la traducción. Como se puede ver siguiendo muchas de las historias, y por su propio orígen en la emigración española, un proceso virado a la izquierda en muchas empresas y personas, y que difícilmente conoceremos si hubo otras voces que no tuvieron su lugar en la publicación. De todas formas, al declinar este auge editorial americano, la vuelta a España de las más importantes empresas (con la excepción de las de soporte estatal, el Fondo de Cultura y EUDEBA) moderó seguramente las reglas.

Finalmente, la vuelta a España no terminó el proceso, sino que fue el primer paso de la deslocalización editorial, continuado por la compra por grupos editoriales mayores, de casi todas las empresas que fueran en esos años las dominantes en la publicación, Así Sudamericana pasó a ser parte de Planeta, como Emece y Espasa Calpe; Salamandra, originada a partir de la Emece argentina, pasa a ser parte de Penguin-Random House, como Grijalbo, previamente ser comprada por Mondadori. Alianza Editorial pasa a ser parte de Anaya, y ésta, parte de Hachette (y esta, parte de Lagardère). Podríamos decir que el fondo editorial forjado durante el siglo XX, hoy está concentrado en no mucho más de tres manos: Planeta, Penguin-Random House, y Hachette. Algo no muy alentador para nuevas generaciones que estén tratando de hacerse un lugar. Debo decir que el registro histórico del mundo editorial iberoamericano aparece desdibujado y recortado: requiere hacer un trabajo detallado el poder conocer la historia y el fondo editorial de muchas de estas empresas, a partir de las sucesivas compras, hasta llegar al panorama de hoy, donde la cartera del trabajo intelectual de cuatro generaciones está en los designios de publicación de un puñado de multinacionales. Por caso, la inteligente colección de Gregorio Weinberg en Hachette Argentina hoy es desconocida. Ni siquiera queda rastro del trabajo de las ediciones argentinas en la memoria de la empresa, ¿Quién es hoy Gregorio Weinberg?

Lucio V. Mansilla , fundador de la literatura argentina


 Buscando las editoriales del siglo XIX que publicaban autores argentinos y suramericanos en general, encontré un artículo escrito en 2018, de Juan Pablo Correa en Infobae. Correa, como otros, pone a "Una excursión a los indios ranqueles" a la altura del Facundo de Sarmiento y el Martín Fierro, de Hernández, como fundadores de la literatura argentina. Comparto su preferencia por Mansilla. Este es su artículo:

La gran "excursión" de Mansilla: ¿el verdadero clásico fundador de la literatura argentina?

Tradicionalmente la crítica se ha dividido entre quienes señalan el "Martín Fierro" como el origen literario nacional y aquellos que prefieren hallarlo en el "Facundo", de Sarmiento. Una nueva edición del célebre libro de Mansilla -"puro deleite", según el autor de esta nota- publicada por la Academia Argentina de Letras es una buena oportunidad para plantear una tercera y sólida opción. Historia y curiosidades de un autor y su obra 

Quienes leen tienden a pensar que algunos libros tienen influencia sobre su época y sobre el futuro. Como ejemplo se puede citar la objeción que Borges le hacía al Martín Fierro: "un gran libro ha ejercido una mala influencia sobre este país, pero eso no lo digo contra Hernández , sino contra el modo de encarnar y cómo se ha leído. Un soldado desertor, prófugo, asesino, borracho, provocador. Por este motivo se ha elegido mal en poner el Martín Fierro como libro ejemplar; si hubiéramos elegido el Facundo, de Sarmiento, donde está planteado el dilema civilización o barbarie, hubiera sido mejor para el país y nuestra historia habría sido distinta". Carlos Gamerro dedica un libro reciente a imaginar qué hubiera pasado si el Facundo se imponía como libro fundacional.

La reciente edición de la Academia Argentina de Letras de Una excursión a los indios ranqueles de Lucio V. Mansilla señala a otro de los grandes libros que se escribieron en la Argentina durante el siglo XIX. Quizá corridos los siglos podría ser que se convierta en el clásico fundador de nuestra literatura.

El libro es puro deleite. La gracia de quien narra, al ritmo de permanentes digresiones, la descripción amable e irónica de las costumbres del indio, que lo llevan a decir "alguien ha dicho que nuestra pretendida civilización no es muchas veces más que barbarie refinada". Habrá quien piense que mi pronóstico de que a la corta o a la larga la Excursión será más leída y sentida que los otros dos grandes libros del siglo XIX, es aventurada y arbitraria. Cómo no. Es de desear que se sigan leyendo los tres, por los siglos de los siglos. Pero hay algo en el libro de Mansilla que podría justificar lo dicho: entiende mejor la peculiar historia de la relación entre los civilizados y los salvajes, el contraste entre los ambientes y los personajes bárbaros y el clubman locuaz y sofisticado que hace el relato.

Otra diferencia de la Excursión con los libros de Hernández y Sarmiento es que, a diferencia de estos, Mansilla parece no haber tenido un propósito, menos aún, un gran propósito. Se sospecha que lo que movió a Mansilla a escribirlo fue justificar el acuerdo de paz que firmó con los indios sin permiso de sus superiores. Y se sabe que no le daba especial importancia a esas cartas que salieron en la La Tribuna. Tuvo que ser su amigo Varela quien se hiciera cargo de publicarlo.

Recordemos la historia de esta hermoso libro: Mansilla apoyó con fervor la candidatura de Sarmiento a la presidencia. Cuando este ganó las elecciones, esperaba un ministerio pero al parecer la respuesta fue: "¡Usted, ministro! Nos tildan de locos, a usted menos que a mí. Juntos seremos inaguantables…"  Le restituyeron el mando del que había sido despojado en el Paraguay, y lo destinaron en Río Cuarto como comandante de fronteras.

Escribe con melancolía: "En este momento de mi vida represento el papel de un concurrente que no halla lugar, ni de pie, en la gran representación política que él mismo ha organizado". El 30 de marzo de 1870 Mansilla inicia su excursión Tierra Adentro, a las tolderías ranqueles. A su regreso se entera de que ha sido sumariado por mandar a fusilar a un paisano a quien le habían prometido un indulto. No había sido así, el gobierno le creyó pero ordenó un sumario.

El ministro de Guerra era Martín de Gainza, quien recibió una larguísima carta, con tono altivo, casi insolente, en la que el sumariado refiere la historia y circunstancias del fusilamiento. Su justificación era atendible y pudo haber salido bien librado, pero como estaba ofendidísimo, cuando lo llamaron para informar, presentó por toda justificación una copia de la carta confidencial a Gainza. Lo destituyeron otra vez y lo privaron de su sueldo. Había regresado a Buenos Aires e, incapaz de permanecer ocioso, se puso a escribir un relato de la excursión que el diario La Tribuna empezó a publicar en forma de folletín.

El público siguió apasionadamente las cartas que fueron apareciendo pero de repente la publicación se interrumpió.  Su amigo Héctor Varela, Orión, quiso salvar del olvido el relato y lo reunió en un volumen que apareció con cuatro cartas que no habían aparecido en La Tribuna y un epílogo.

Da la impresión de que la idea de que los indios fueron exterminados ha dejado de ser una verdad absoluta. De ese malentendido han surgido numerosos malentendidos y quizá llegue un momento en que algo del espíritu del indio que vivía en el territorio, mezclado con los primeros pobladores, convertido en gaucho y soldado de línea, reaparezca con algo para decir sobre nuestra idiosincrasia. El suizo Meinrado Hux, principal estudioso y difusor de las culturas aborígenes, lo dice así: "Quizá sea hoy cuando habría que estrechar las manos con los descendientes de aquellos héroes del desierto para decirles: Hermanos, construyamos juntos un futuro mejor, reparando muchos errores".

La historia de las ediciones es curiosa. Después de la publicada por su amigo Orión en 1870, la segunda edición apareció en Leipzig en el año 1877, en una colección de autores españoles. La tercera fue publicada veinte años después de la primera por Juan Alsina, en 1890. Llevaba prólogo de Daniel García Mansilla. Se toma a esta tercera como definitiva. Desde entonces han aparecido numerosas reediciones con diferencias de texto. Sorprende que no hayan sido tantas, como el valor del texto merecería.


Una rara, difícil de encontrar es la publicada en Nueva York en 1883. Menciono algunas que se destacan: la que publicó el Fondo de Cultura Económica de México en 1947. La colección Robin Hood publicó una edición condensada. La Sociedad de Bibliófilos realizó una lindísima edición en dos tomos ilustrados por Roberto Páez en la década del 70, fueron sólo 90 ejemplares. En 1989 Emecé publicó una cuidada versión con el siguiente epígrafe: "Esta edición ha sido realizada por iniciativa y con apoyo de la señora María Rosa Bemberg, quien la dedica a su madre, doña Jovita García Mansilla de Bemberg, descendiente del autor por vía colateral, siempre interesada por los temas argentinos". Cuánto cuentan estas escasas palabras. Últimamente, la editorial Terramar publicó una edición no muy linda pero con un gran prólogo de María Moreno, una fanática de Lucio Vé. 

Ahora aparece una muy cuidada edición de la Academia Argentina de Letras al cuidado de Norma Carricaburo y Francisco Petrecca. Celebramos el hecho con una objeción, el libro viene acompañado por un dvd interactivo que incluye el texto digitalizado y numerosa documentación, imágenes, glosario, toponimia y una enorme cantidad de notas y apostillas. Queda la duda de la vida útil que tendrá ese disco. ¿De qué estoy hablando? Los libros son lo opuesto a lo útil. Quizá debieran haber invertido el dinero de los dvds en un cuadernillo coloreado o parea colorear.

Nació en Buenos Aires en 1831, y murió en París, donde había vivido casi ininterrumpidamente sus últimos veinte años, en 1913. Su vida fue novelesca: era sobrino de Rosas, hijo de un general prócer; ya adolescente fue fletado a Oriente y Europa por haber sido pescado leyendo a Rousseau, su padre le encargó tratar algunos negocios, cosa que no hizo; a la caída de Rosas su familia se trasladó a Europa, donde el joven inició una carrera de grandes éxitos sociales.

Escribe Aira en su Diccionario de autores latinoamericanos: "De regreso en Buenos Aires, se inició en la política, donde no obtendría más que frustraciones, durante toda su vida conservó esperanzas de llegar a la presidencia de la Nación, pero conspiró en contra su propia falta de constancia y su carácter algo alocado e imprevisible. En los últimos años, los distintos gobiernos ante los que se postulaba no veían modo más eficaz de sacárselo de encima que enviarlo en misiones (casi siempre vagas, de investigación o información). Su residencia en París se fue haciendo más y más constante, alternó en círculos de la alta  sociedad, particularmente el grupo del conde de Montesquiou (otro frecuentador del conde, Proust, conocía a Mansilla, a quien menciona en alguna carta). Su diario debió llevar prólogo de Verlaine, quien murió ese año sin poder escribirlo".

El nombre de Mansilla es una contraseña para un numeroso y distinguido número de lectores que lo adoran.  Y no se puede decir que sea poco leído. Una de las mejores editoriales independientes, Santiago Arcos, lleva ese nombre -presumimos- en homenaje al corresponsal de la excursión. Y quizá la más vital de las revistas culturales se llama Mancilla, con ce. El nombre juega con los sentidos, de mancillar por mancha y también  por Lucio Vé.


  


 

domingo, abril 23, 2023

Expatria


Carolina Sanin, respondiendo a preguntas de Eugenio Monjeau, en Seul (¿cómo es ser colombiano y haber vivido en otro país como Estados Unidos? ”)

Fui extranjera durante 15 años y cansa sentir que debes corresponder –o que, a los ojos de los demás, de hecho correspondes– a una imagen básica y fija de tu identidad regional, y que se supone que no entiendes del todo (o que entiendes de un modo incomprensible y secundario para los locales) lo que pasa a tu alrededor. Ser extranjero es estar determinado por una imagen y por una lejanía. Es estar ausente. Y, por lo tanto, es estar haciendo siempre un papel –que es adicional a todos los demás papeles que estamos haciendo siempre por ser humanos–; es ser un personaje del personaje, doblemente derivado, lo cual te aleja más de ser el autor; de ser tu propio autor. Además, si eres extranjero del tercer mundo en el primero, la condescendencia (o, más precisamente, la lástima) y la sospecha están siempre mediando tu relación con los locales. O a lo mejor me engaño, y es lo contrario, y ser extranjera podía llevarme a cierta integración y a cierta pureza de ánimo que no conseguiré mientras viva donde nací. (Después de todo, o mejor, antes de todo, nos hemos dicho que los humanos somos extranjeros, exiliados, expulsados de un jardín). Por último, me pregunto si la política identitaria no hace que todo el mundo se sienta extranjero y sea extranjero en su propia vida. Sería interesante explorar para mí qué es ser de donde soy. Qué significa en mi turbulencia y en mi extravío ser de Bogotá, de un altiplano sobre los Andes, de una ciudad horrorosa. Y cómo aceptarlo y vivirlo podría sosegar mi pensamiento, asentarlo finalmente. Y qué significaría separar el pensamiento del viaje.

La fotografía: De Carlos Duque - The author provided these works via archive transfer and authorized its use in Wikimedia Commons., CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=126463765