Se acaba en pocas horas el año 2025: un cuarto de siglo XXI cumplido; como participante de pleno derecho del siglo XX, cada vez es más evidente para mí que no simplemente han pasado décadas. Lo que estamos viviendo es un completo cambio de paradigmas, aceleradamente. Nuestro mundo por sesenta o setenta años estuvo basado en la resolución de las tensiones que generaron la segunda guerra mundial. El resultado de los acuerdos tras la derrota alemana fue el reparto de zonas de hegemonía, la consolidación de áreas de dominio político, y modelos de crecimiento social, económico, cultural. Los bloques europeo y americano durante años condujeron la investigación, y llevaron la delantera en el desarrollo industrial, convirtiéndose en un foco de atracción de otras sociedades.
El cambio se puede ver, por ejemplo, en la industria automotríz: primero se diluyeron las tres grandes de Estados Unidos, y luego, en estas últimas décadas, la industria europea comenzó a ser comprada por nuevas compañías fundamentalmente chinas. Hoy China no sólo exporta a Occidente, sino que su diseño e ingeniería alcanzó y sobrepasa al occidental. La compra de empresas afecta a casi cualquier área de la industria manufacturera.
Pero esto es la base del cambio: a partir de estos hechos económicos se está produciendo el desplazamiento de las decisiones hacia el este, fundamentalmente a China, que implica cambios monetarios, financieros y políticos. Rusia estima que ahora puede presionar por su imperio disgregado en los ochentas, ya que los pactos militares occidentales no funcionan, y ningún grupo dirigente occidental se juega frente a la invasión a Ucrania, y la amenaza a casi cualquier país de la ex-Unión Soviética. En América, un nuevo Chamberlain recorre las diplomacias renunciando a cualquier compromiso, o peor, tratando a socios y amigos como rivales o enemigos, apoyándose en una plutocracia con riquezas inimaginables, incalculables.
Nuestras preguntas ahora son defensivas: ¿las sociedades occidentales mantendrán su estado de bienestar, o progresivamente recortarán sus logros? ¿las migraciones alterarán las sociedades receptoras? ¿conoceremos guerras de exterminio, donde no haya cuartel? Es lo que estamos viendo en la falta de respeto por los civiles en Ucrania, sin que al Gran Negociador se le mueva un pelo. ¿vamos hacia millones de emigrados hacia zonas en paz?
Sobre estas preguntas, quiero avanzar. Será en 2026.
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