Dice Juan Carlos Méndez Guédez en Zenda:
La reciente extracción del dictador venezolano refrescó una idea que hace muchos años explica los instantes del presente: no éramos los adversarios de Maduro quienes podríamos traicionarlo, sino su entorno próximo, la cúpula con la que compartía el poder dictatorial.
Acabamos de asistir a una operación extremadamente limpia, una negligencia programada en la que en pocos minutos un ejército extranjero penetró en una ciudad populosa, incursionó en una instalación militar y se llevó al dictador y a su siniestra compañera sin que las “poderosas” fuerzas armadas revolucionarias y sus “millones de milicianos” hicieran nada relevante por impedirlo.
El propio Trump aclaró muy pocas horas después que ya estaba en conversaciones con Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de la dictadura. Eso confirmaba investigaciones anteriores del Miami Herald que revelaba contactos sucedidos en septiembre con la mediación de Qatar, en la que tanto Delcy como su hermano Jorge (presidente de la Asamblea Nacional) se ofrecían a Estados Unidos para poner en marcha la continuidad del chavismo sin Maduro.Difícil posición en la que ahora queda la izquierda predemocrática del mundo, que llevaba meses dando alaridos por la violación de la soberanía venezolana. Ahora deberán percatarse de que son los suyos quienes han facilitado esa vulnerabilidad; ejercicio para el que estaban muy bien preparados, pues su estructura criminal se apoyaba en la injerencia de Cuba, China, Rusia e Irán sobre la riqueza y los asuntos venezolanos.
(...) Será maravilloso desdecirme en el futuro y celebrar que este fue el atropellado inicio de una Venezuela feliz y en paz. El panorama inmediato es el de una tragedia en marcha, donde la dirigencia chavista se sienta en la misma mesa, pero sabe que el espíritu de la traición es lo que reina entre ellos. ¿Quién será el próximo? ¿Quién entregará a quién? ¿Cuál será el siguiente en vestir el uniforme de una cárcel?

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