Dice Santiago García Vence, este mes en Seul, poniendo en duda la hegemonía china en este siglo:
Desde que Deng Xiaoping emprendió el proceso de reforma y apertura, la trayectoria china ha mostrado resultados difíciles de igualar incluso para los casos exitosos de Occidente. China representó aproximadamente el 75% de la reducción total de pobreza extrema global desde 1990, la mayor en la historia humana y en una sola generación. En ese lapso, se convirtió en la fábrica del mundo, erigió megalópolis desde cero, construyó más kilómetros de tren de bala que todo el resto del mundo y comenzó a disputarle a Estados Unidos la frontera de la innovación tecnológica. Una mujer nacida en Beijing hace un siglo sobrevivió a la invasión japonesa, la guerra civil y la Gran Hambruna de Mao; su hijo vive para ver a China convertida en la segunda economía del mundo.
(...) China es un caso diferente [que el desafíos por la hegemonía de la Unión Soviética o Japón]. En términos de PBI total ajustado por paridad de poder adquisitivo, superó a Estados Unidos en 2014. Los soviéticos nunca llegaron al 44% del tamaño de la economía estadounidense. Japón nunca tuvo ni la escala demográfica ni la profundidad industrial de China. El ascenso chino no es una ilusión, sino el mayor proceso de desarrollo acelerado de la historia, y su poderío militar, tecnológico e industrial es real. Sin embargo, también acá el entusiasmo (o el pánico) de la narrativa tiende a oscurecer la lectura de los datos. China enfrenta cuatro desafíos estructurales que sus admiradores occidentales suelen ignorar o minimizar y que la opacidad de sus propios datos contribuye a ocultar.
A este panorama arrollador, García le pone techo en cuatro áreas: la evolución económica, política, geopolítica, y demográfica. García apunta a desvíos actuales que recuerdan sucesos de la segunda mitad del siglo XX pasado: errores de planeamiento, centralización, corrupción
El capital mal asignado dejó huellas físicas difíciles de ignorar: trenes de alta velocidad que circulan semivacíos, aeropuertos construidos para ciudades que no crecieron, millones de departamentos vacíos en ciudades fantasma que Goldman Sachs estima costarían 2,1 billones de dólares resolver. En síntesis, un sobrante de infraestructura demasiado difícil de sostener. subsidiada masivamente por el Estado. La industria china produce más de lo que puede vender, destruye sus propios márgenes y exporta el excedente a mercados globales, no solo como estrategia comercial sino como guerra económica deliberada para desindustrializar a sus rivalesEstas cargas a la evolución de China recuerdan llevadas a extremo. las aberraciones de planificación del Gran Salto Adelante, y la anarquía de la Revolución Cultural. Dado el estilo de control del poder de Xi Jingping, son muy razonables las puntualizaciones de García Vence.
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