miércoles, mayo 31, 2023

Felix Ovejero: izquierda y nacionalismos

 


Este domingo pasado España ha hablado con mucha claridad en su voto, acerca de las cuestiones más diversas, o mejor, de todas ellas. El voto ha castigado con mucha precisión a personas, agrupaciones, ideas, y proyectos de futuro, y de una forma abrumadora, potente, para que no queden dudas. De muchas cuestiones resueltas se puede hablar y reflexionar, y una de las primeras es la del nacionalismo catalán, que ha recibido un golpe ¿inesperado?. No se ha terminado su reino en Cataluña, pero ha recibido una advertencia de que la sociedad no le responde, y que va llegando la hora de volverse a casa. Particularmente golpeada ha sido ERC, que deja sus sueños de dominio con un tercer puesto y 200.000 votos menos que el primero (PSC). Y la CUP, que prácticamente desaparece con poco más de un 3% de los votos. 

Reflexionando sobre estas elecciones, Felix Ovejero, en ABC, habla de la asociación que conformaron en general la izquierda y el nacionalismo catalán (también otros, en otras partes de España). Pero a propósito de esto, un año antes Ovejero publicaba un libro, Secesionismo y Democracia, que califica esta asociación. Estas son algunas de sus afirmaciones:

A propósito del "relato del nacionalismo catalán":

Se sostiene en dos falacias. La primera, que la Guerra Civil fue una guerra de España contra Cataluña. Si fue algo, fue una guerra de ricos contra pobres, y por eso la represión fue infinitamente superior en Extremadura o en Andalucía que en Barcelona o Bilbao. La segunda falacia es que el franquismo hizo una guerra contra Cataluña, cuando en realidad aquí hubo una clase privilegiada que se benefició de la dictadura y de una clase obrera sin derechos. Si miras las tasas de crecimiento de la economía de Cataluña durante la dictadura son incluso mejores que ahora mismo. Esas dos falacias contribuyen a crear el mito de que España es una especie de dictadura frente a la Cataluña democrática. La izquierda ha contribuido a difundir esa falacia.

A propósito del "derecho a la rebelión":

El derecho tradicional a la rebelión se planteaba ante el tirano, ante el dictador, para no estar comprometido con esas decisiones. Esto no ocurre en Cataluña. La lengua mayoritaria está excluida de las instituciones. El poder se ha convertido en un negocio personal. Corruptos y delincuentes están decidiendo los gobiernos desde las cárceles. La duda es si ese gobierno es legítimo. Si hay un derecho de rebelión es de los ciudadanos de Cataluña frente a unas instituciones que no respetan el elemental contrato social, no ya de Cataluña respecto al resto de España, sino dentro de Cataluña. Intente pasearse con la bandera constitucional por Gerona, mire lo que le pasó a Vox… tienen el elemental derecho democrático de defender sus ideas en cualquier parte. O el trato al Rey, con la complicidad del Gobierno. Esto ocurre porque aquí no hay una democracia genuina. (...) Pero el derecho a decidir en realidad niega unilateralmente la condición de ciudadanos a un conjunto de españoles. Palabras como 'igualdad' o 'libertad' se están maltratando; las usan para no decir que son racistas: Pujol tiene declaraciones racistas que en cualquier país de Europa hubieran acabado con su carrera política, y quien dice Pujol dice Junqueras y otros políticos. Es un pensamiento racista que está en el arco de declaraciones del Parlamento catalán. Con Inés Arrimadas han caído en eso porque es de fuera.

Y acerca de la izquierda catalanista, o nacionalista en general:

La izquierda ha desaparecido en España. Se ha comprometido con partidos reaccionarios que defienden la identidad. No nos olvidemos de que el PNV defiende que, por ser diferentes, no deben pagar los mismos impuestos ni formar parte de la misma comunidad de ciudadanos. Por eso cuando la gente se asombra de que Savater haya votado a Ayuso… Se ha recompuesto tanto el paisaje político que no hay razones para extrañarse. Ayuso ha hecho un ejercicio de planificación más propio de la izquierda que de la derecha. Buena parte del pensamiento conservador histórico, el que aparece contra la revolución francesa, habla de combinar la identidad –el espíritu de un pueblo– con la comunidad política. Pero es que el nacionalismo catalán tiene una paradoja fundamental: quieren construir la nación. Si hay que construirla, es porque no existe. Apelan a un derecho inexistente, niegan su propia existencia. Como no había una comunidad de identidad, el nacionalismo pujolista se propuso imponerla. De una manera totalitaria decidieron cómo debían ser las pautas de comportamiento.


miércoles, mayo 24, 2023

A cuatro días de la verdad

 En cuatro días, este domingo, podremos decir lo que pensamos de nuestro gobierno valenciano, y ojalá sea un plebiscito sobre la coalición que nos rige desde hace ocho años, un voto de repudio. Ojalá sea el último paso de un gobierno fundamentalmente aliado del nacionalismo catalán, seguidor vergonzante de las políticas separatistas, y de las directivas discriminatorias de más de la mitad de la población de la comunidad. Gracias al señor Ribó, Compromis y el silencio o colaboración del PSOE, el puerto de Valencia sigue esperando las mejoras que lo conviertan en el puerto más importante del comercio en el Mediterráneo español; gracias al señor Ribó no competimos por obtener la copa América, que sí pujó Barcelona;  gracias a los consejeros de Cultura estamos derivando a la discriminación idiomática que hoy reina en Cataluña tanto en la enseñanza a todo nivel, como en la atención al público en las instituciones; gracias al señor Ximo Puig el campo se queda sin agua, incapaz de defender a su comunidad ante el gobierno nacional; gracias al señor Grezzi es imposible transitar por Valencia, salvo que usted sea un deportista en bicicleta: una población envejecida es impulsada a quedarse en casa, porque debe esperar 20 minutos un autobús, y luego tomar otro para alcanzar el punto al que vaya. Gracias a los consejeros de Salud, nos quedamos sin hospitales y clínicas privadas que atiendan lo que Sanidad no puede atender, y gracias a ellos se ponen camas en las salas de espera, y aguantamos meses para ser atendidos por un especialista.

Pero más allá de la torpeza y sectarismo de nuestros gobernantes, probablemente el mayor impacto de su administración ha sido uno de larga duración: el acercarnos a las políticas divisionistas y separatistas de sus socios y amigos nacionalistas de Cataluña. Ojalá hasta aquí lleguen, y no más.

¿Estos años estuvo todo mal? No, un logro económico fue obtener la sede de la planta de baterías de Volkswagen, recordando que se materializó con la oposición de los minoritarios de la coalición; promover la radicación de nuevas empresas de tecnología, sin dejar de recordar que una buena parte de esa iniciativa vino de empresas privadas. Incluso las directivas de regulación de la circulación en la ciudad tienen una cara positiva, si nos olvidamos del impacto que tiene en las personas condenadas a usar el transporte público.

¿Cómo pesarán los pro y los contras los votantes? el domingo lo sabremos.

A todos ustedes, gracias, y ojalá sea el último día.

domingo, mayo 07, 2023

La edición en Iberoamérica


 Hubo una época, desde mediados de los treinta hasta mediados de los setenta del siglo XX, en que casi todo lo que pudiera leerse en castellano, se imprimía en América, fundamentalmente en Argentina y México, aunque también en Chile y Colombia: un fenómeno que combinó dos circunstancias: la trabajosa creación de un mercado americano editorial, y el desenlace de la guerra civil española: la censura posterior, y la llana emigración de centenares de intelectuales a América, llevó la edición en castellano a Argentina y México. Aunque quizá sea mejor usar el orden inverso, ya que la emigración mayoritariamente se trasladó a México: los gobiernos argentinos de los años treinta no muy amigos de los exiliados españoles, mientras que en México el exilio fue recibido como gobierno. 

Corresponde aclarar que las editoriales latinoamericanas tienen existencia desde la época colonial, y un desarrollo que comienza a despuntar desde mediados del siglo XIX. La Librería del Colegio en Buenos Aires, era original del siglo XVIII, y fue imprenta durante el proceso de independencia; la imprenta de Emilio Coni editó libros desde 1853 en Argentina; las imprentas de El Progreso y Julio Belin en Chile, desde los años 40 del siglo XIX; la editorial Estrada, desde 1869. Porrúa, fundada por los hermanos españoles Porrúa en Mexico,  publicaba desde comienzos del siglo XX, aunque es en los cuarenta cuando se amplía su desarrollo. Solo en el caso de Argentina, Kapelusz,(Adolfo Kapelusz, austríaco) ,  publicaba material educativo desde 1910; El Ateneo, (Pedro García, español), publicaba desde 1912; la editorial Tor (Juan Carlos Torrondell, español) desde 1916; editorial Atlántida, fundada por Constancio Vigil, uruguayo, desde 1918; la editorial Claridad (Antonio Zamora, español), desde 1922. Estas empresas trascendieron sus mercados locales, y en algún caso, se hicieron un nombre en Latinoamérica.

 En resumen, el auge editorial de las décadas del 30 al 60/70, favorecido por la caída de la república en España, es la culminación de un proceso que se gestó en otra excepción: la primera guerra mundial. Si a principios del siglo XX la edición en América estaba dominada por editoriales francesas, alemanas, inglesas y estadounidenses (tengo presente a Hachette especialmente; el Facundo de Sarmiento, fue impreso por Hachette en Paris en 1874, y por Appleton en Nueva York en 1868). La guerra favoreció la ocupación del espacio abandonado por los paises combatientes, por nuevos participantes americanos y editores españoles que hasta entonces sólo controlaban una porción mínima del mercado.


Ese florecimiento se mantuvo por cerca de treinta años, desde los treinta hasta los setenta como mínimo, mientras crecía y retomaba posiciones el mercado editorial español. Este ciclo fue de importancia fundamental para Latinoamérica, al impulsar la difusión de las culturas americanas (Argentina, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, Cuba, México) y la investigación, y también por la entrada al mundo hispanoamericano de la investigación científica y humanística abierta a las corrientes que circulaban en el mundo. Una característica de la publicación en esos años, es el impulso a autores americanos, junto a autores hispanos apartados por la censura franquista, tarea comenzada por el Fondo de Cultura mexicano y siguiendo por las nuevas editoriales, particularmente Losada, Sudamericana y Espasa-Calpe en Argentina. El fenómeno de la Nueva Novela Latinoamericana hubiera tenido otras características, o hubiera sido diluído, si ese cambio de eje no se hubiera producido entonces.

Probablemente el resultado más importante de ese florecimiento fue el nacimiento del Fondo de Cultura Económico, una editorial que tanto entonces como ahora, ha promovido la publicación de escritores españoles y americanos, además de excelente material traducido. (no dejo de recordar el monumental trabajo de Werner Jaeger, Paideia, y la traducción de Joaquin Xirau y Wenceslao Roces). El fundador del Fondo fue el economista mexicano Daniel Cosío Villegas, en 1934, con la aprobación y participación del gobierno del presidente Cárdenas. Antes de esto, Cosío Villegas negoció con Calpe y con Aguilar un proyecto en la línea de lo que luego asumió el Fondo. Ese primer proyecto fue desechado por las editoriales españolas (según parece, por negativa de Ortega y Gasset como parte de la negociación en nombre de Calpe, que llamó al proyecto "cena de negros"). Sin embargo, caída la república son muchos los emigrados que participan en la actividad del Fondo. Cosío Villegas propone y consigue del presidente Cárdenas, la creación de una Casa de España (luego Colegio de Mexico), donde continuaran su actividad un grupo seleccionado de intelectuales e investigadores emigrados, que luego en general trabajaron para el Fondo de Cultura. La primera filial del Fondo se crea en Argentina en 1945, dirigida por Arnaldo Orfila Reynal, argentino, quien reemplazó luego a Cosío Villegas en la dirección del Fondo desde 1948. A la argentina le siguieron otras filiales del Fondo en Chile, Colombia, Ecuador, España, Estados Unidos, Guatemala y Perú. Puede decirse que esta editorial es el fundamento del gran desarrollo de ediciones iberoamericanas, por el número de intelectuales que suma, y persiste a pesar del tiempo y los vaivenes políticos sucedidos en sus cerca de ochenta años de existencia. 


La otra gran editora mexicana de esta época es Siglo XXI, fundada por Orfila Reynal en 1965 tras ser despedido del Fondo, por ser izquierdista en un momento en que en Mexico seguía una línea conservadora. La nueva editorial se propuso publicar material nuevo, contando con la colaboración de muchos escritores e investigadores, parte de los cuales trabajaban o publicaban en el Fondo, y renunciaron a él para lanzar Siglo XXI (Jesús Silva Herzog, Pablo González Casanova, Guillermo Haro, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Fernando Benítez , Elena Poniatowska). Tengo presente, de las primeras ediciones, al Heráclito de Rodolfo Mondolfo, y Las Palabras y las Cosas, de Michel Foucault. Orfila Reynal se mantuvo en la conducción de la empresa hasta 1989 (Orfila murió en 1998, con 101 años). En 1966 y 1967 se fundaron las filiales de Argentina y España. Algo apagada, subsiste hasta hoy, ahora comprada por el grupo Capital intelectual, del argentino Hugo Sigman. Muy ligada a la caída de la república española y la emigración está la creación de Grijalbo, fundada en 1949 por Juan Grijalbo. Este caso es típico de ese período y su evolución posterior: fundada por un emigrado, cuando España entra en la Transición, translada su sede a España,  para luego ser comprada por el grupo Mondadori, que a su vez es absorbido por Penguin-Random House.

Mientras tanto, en Argentina, se produjo la fundación de nuevas editoras a partir de sus casas originales españolas, o con aporte empresario español, como parte de la diáspora que generó la guerra civil: Sopena Argentina, filial de Sopena de España, que, además de sus ediciones literarias o de diccionarios, creó una revista que fué importante por años: Leoplan, donde trabajaron periodistas conocidos en Argentina (Enrique González Tuñón, Carlos Duelo Cavero, Adolfo R. Avilés e Ignacio Covarrubias y jóvenes como Horacio de Dios, Rodolfo Walsh, Miguel Bonasso y Sergio Caletti). Espasa-Calpe creó en 1937 su filial en Argentina, piloteada por su fundador Nicolás María de Urgoiti, cuya colección Austral llegó a publicar más de mil títulos. Espasa-Calpe fue finalmente adquirida por el grupo Planeta en 1991.  Sudamericana, fundada en 1939, con directorio argentino y español (Victoria Ocampo, Carlos Mayer, Oliverio Girondo, Alfredo González Garaño, Rafael Vehils, Enrique García Merou, Jacobo Saslavsky, Antonio Santamarina, Alejandro Shaw, Andreu Bausili, Eduardo Bullrich y Alejandro Menéndez Behety), y gestión de Antoni Lopez Llausás, a poco de comenzar, debido al desconocimiento de la tarea editorial del grupo fundador: allí se publicó William Faulkner, Leopoldo Marechal, Salvador de Madariaga, Virginia Wolf, Julio Cortázar, García Márquez (Rayuela y la primera edición de Cien Años de Soledad); en el mismo plano, Losada,  creada en 1938 por el español Gonzalo José Bernardo Juan Losada Benítez, nacida a partir de su alejamiento de Espasa-Calpe. Losada fue fundamental en la difusión de autores americanos, emigrados y nuevas corrientes europeas (Sartre y Camus fueron publicados por Losada); también Emece, fundada en 1939 por Mariano Medina del Río y Álvaro de las Casas, primero absorbida por su filial española, y hoy subsidiaria de Penguin Random-House. En esa década, diversas editoras argentinas inician su publicación: Paidós, creada en 1945, editora de material en psicología y sociología especialmente. Agrego a Heliasta (Guillermo Cabanellas de Torre), 1944, especializada en Derecho, ya que, avanzando el siglo, compró la editorial Claridad, y continuó su trabajo, asumiendo el nombre, como Grupo Claridad. Estas editoriales no sólo difundiern los nuevos de Iberoamérica, sino los grandes escritores de Europa y la América de habla inglesa, mayoritariamente a precios que los hicieron accesibles a todo el mundo, y en su mejor momento recorrieron el camino inverso de la emigración, abriendo subsidiarias en España (Emece, Edhasa filial de Sudamericana)

En 1955 se crea Jacobo Muchnik Editor, que luego se convierte en Fabril Editora, publica sociología, psicología, literatura, entre ellos, Witold Grombrowicz, Franz Kafka, Ernesto Sábato, Arthur Miller.

Tardíamente, ya en épocas en que los vientos cambiaban, se agrega EUDEBA, en 1958, con semejanzas al Fondo de Cultura, dependiente de la Universidad de Buenos Aires. EUDEBA (su primer directorio lo componían José Babini como presidente, Guillermo Ahumada como vicepresidente, Humberto Ciancaglini como secretario, José Luis Romero, Alfredo Lanari, Telma Reca de Acosta e Ignacio Winizky como vocales, y Enrique Silberstein como síndico). EUDEBA publicó (aún lo hace) gran cantidad de material de investigación en ciencias, sociología, economía, historia, literatura. Fue gerenciado por Boris Spivacow, quien, luego de ser despedido por el gobierno militar de Onganía, fundó el Centro Editor de America Latina, que publicó ediciones económicas de difusión científica y literarias y filosóficas (colecciones de historia de la ciencia, escritos de filosofía y literatura. Hay un listado de colecciones en Wikipedia)

Resumiendo, hay un período de varias décadas, coincidiendo con los años de la guerra civil en España, y la posterior censura franquista, que favoreció un gran crecimiento editorial en América. La dada es una lista incompleta y más que simplificada del trabajo editorial de esas décadas, que habría que completar. De ese viaje a América sólo se han producido ventajas, en la apertura del pensamiento, en la inclusión de nuevos autores que de otra forma no hubieran florecido con la misma facilidad, en la creación de una cultura editorial y aún un paso más, favoreciendo el mundo periodístico americano y la traducción. Como se puede ver siguiendo muchas de las historias, y por su propio orígen en la emigración española, un proceso virado a la izquierda en muchas empresas y personas, y que difícilmente conoceremos si hubo otras voces que no tuvieron su lugar en la publicación. De todas formas, al declinar este auge editorial americano, la vuelta a España de las más importantes empresas (con la excepción de las de soporte estatal, el Fondo de Cultura y EUDEBA) moderó seguramente las reglas.

Finalmente, la vuelta a España no terminó el proceso, sino que fue el primer paso de la deslocalización editorial, continuado por la compra por grupos editoriales mayores, de casi todas las empresas que fueran en esos años las dominantes en la publicación, Así Sudamericana pasó a ser parte de Planeta, como Emece y Espasa Calpe; Salamandra, originada a partir de la Emece argentina, pasa a ser parte de Penguin-Random House, como Grijalbo, previamente ser comprada por Mondadori. Alianza Editorial pasa a ser parte de Anaya, y ésta, parte de Hachette (y esta, parte de Lagardère). Podríamos decir que el fondo editorial forjado durante el siglo XX, hoy está concentrado en no mucho más de tres manos: Planeta, Penguin-Random House, y Hachette. Algo no muy alentador para nuevas generaciones que estén tratando de hacerse un lugar. Debo decir que el registro histórico del mundo editorial iberoamericano aparece desdibujado y recortado: requiere hacer un trabajo detallado el poder conocer la historia y el fondo editorial de muchas de estas empresas, a partir de las sucesivas compras, hasta llegar al panorama de hoy, donde la cartera del trabajo intelectual de cuatro generaciones está en los designios de publicación de un puñado de multinacionales. Por caso, la inteligente colección de Gregorio Weinberg en Hachette Argentina hoy es desconocida. Ni siquiera queda rastro del trabajo de las ediciones argentinas en la memoria de la empresa, ¿Quién es hoy Gregorio Weinberg?

Lucio V. Mansilla , fundador de la literatura argentina


 Buscando las editoriales del siglo XIX que publicaban autores argentinos y suramericanos en general, encontré un artículo escrito en 2018, de Juan Pablo Correa en Infobae. Correa, como otros, pone a "Una excursión a los indios ranqueles" a la altura del Facundo de Sarmiento y el Martín Fierro, de Hernández, como fundadores de la literatura argentina. Comparto su preferencia por Mansilla. Este es su artículo:

La gran "excursión" de Mansilla: ¿el verdadero clásico fundador de la literatura argentina?

Tradicionalmente la crítica se ha dividido entre quienes señalan el "Martín Fierro" como el origen literario nacional y aquellos que prefieren hallarlo en el "Facundo", de Sarmiento. Una nueva edición del célebre libro de Mansilla -"puro deleite", según el autor de esta nota- publicada por la Academia Argentina de Letras es una buena oportunidad para plantear una tercera y sólida opción. Historia y curiosidades de un autor y su obra 

Quienes leen tienden a pensar que algunos libros tienen influencia sobre su época y sobre el futuro. Como ejemplo se puede citar la objeción que Borges le hacía al Martín Fierro: "un gran libro ha ejercido una mala influencia sobre este país, pero eso no lo digo contra Hernández , sino contra el modo de encarnar y cómo se ha leído. Un soldado desertor, prófugo, asesino, borracho, provocador. Por este motivo se ha elegido mal en poner el Martín Fierro como libro ejemplar; si hubiéramos elegido el Facundo, de Sarmiento, donde está planteado el dilema civilización o barbarie, hubiera sido mejor para el país y nuestra historia habría sido distinta". Carlos Gamerro dedica un libro reciente a imaginar qué hubiera pasado si el Facundo se imponía como libro fundacional.

La reciente edición de la Academia Argentina de Letras de Una excursión a los indios ranqueles de Lucio V. Mansilla señala a otro de los grandes libros que se escribieron en la Argentina durante el siglo XIX. Quizá corridos los siglos podría ser que se convierta en el clásico fundador de nuestra literatura.

El libro es puro deleite. La gracia de quien narra, al ritmo de permanentes digresiones, la descripción amable e irónica de las costumbres del indio, que lo llevan a decir "alguien ha dicho que nuestra pretendida civilización no es muchas veces más que barbarie refinada". Habrá quien piense que mi pronóstico de que a la corta o a la larga la Excursión será más leída y sentida que los otros dos grandes libros del siglo XIX, es aventurada y arbitraria. Cómo no. Es de desear que se sigan leyendo los tres, por los siglos de los siglos. Pero hay algo en el libro de Mansilla que podría justificar lo dicho: entiende mejor la peculiar historia de la relación entre los civilizados y los salvajes, el contraste entre los ambientes y los personajes bárbaros y el clubman locuaz y sofisticado que hace el relato.

Otra diferencia de la Excursión con los libros de Hernández y Sarmiento es que, a diferencia de estos, Mansilla parece no haber tenido un propósito, menos aún, un gran propósito. Se sospecha que lo que movió a Mansilla a escribirlo fue justificar el acuerdo de paz que firmó con los indios sin permiso de sus superiores. Y se sabe que no le daba especial importancia a esas cartas que salieron en la La Tribuna. Tuvo que ser su amigo Varela quien se hiciera cargo de publicarlo.

Recordemos la historia de esta hermoso libro: Mansilla apoyó con fervor la candidatura de Sarmiento a la presidencia. Cuando este ganó las elecciones, esperaba un ministerio pero al parecer la respuesta fue: "¡Usted, ministro! Nos tildan de locos, a usted menos que a mí. Juntos seremos inaguantables…"  Le restituyeron el mando del que había sido despojado en el Paraguay, y lo destinaron en Río Cuarto como comandante de fronteras.

Escribe con melancolía: "En este momento de mi vida represento el papel de un concurrente que no halla lugar, ni de pie, en la gran representación política que él mismo ha organizado". El 30 de marzo de 1870 Mansilla inicia su excursión Tierra Adentro, a las tolderías ranqueles. A su regreso se entera de que ha sido sumariado por mandar a fusilar a un paisano a quien le habían prometido un indulto. No había sido así, el gobierno le creyó pero ordenó un sumario.

El ministro de Guerra era Martín de Gainza, quien recibió una larguísima carta, con tono altivo, casi insolente, en la que el sumariado refiere la historia y circunstancias del fusilamiento. Su justificación era atendible y pudo haber salido bien librado, pero como estaba ofendidísimo, cuando lo llamaron para informar, presentó por toda justificación una copia de la carta confidencial a Gainza. Lo destituyeron otra vez y lo privaron de su sueldo. Había regresado a Buenos Aires e, incapaz de permanecer ocioso, se puso a escribir un relato de la excursión que el diario La Tribuna empezó a publicar en forma de folletín.

El público siguió apasionadamente las cartas que fueron apareciendo pero de repente la publicación se interrumpió.  Su amigo Héctor Varela, Orión, quiso salvar del olvido el relato y lo reunió en un volumen que apareció con cuatro cartas que no habían aparecido en La Tribuna y un epílogo.

Da la impresión de que la idea de que los indios fueron exterminados ha dejado de ser una verdad absoluta. De ese malentendido han surgido numerosos malentendidos y quizá llegue un momento en que algo del espíritu del indio que vivía en el territorio, mezclado con los primeros pobladores, convertido en gaucho y soldado de línea, reaparezca con algo para decir sobre nuestra idiosincrasia. El suizo Meinrado Hux, principal estudioso y difusor de las culturas aborígenes, lo dice así: "Quizá sea hoy cuando habría que estrechar las manos con los descendientes de aquellos héroes del desierto para decirles: Hermanos, construyamos juntos un futuro mejor, reparando muchos errores".

La historia de las ediciones es curiosa. Después de la publicada por su amigo Orión en 1870, la segunda edición apareció en Leipzig en el año 1877, en una colección de autores españoles. La tercera fue publicada veinte años después de la primera por Juan Alsina, en 1890. Llevaba prólogo de Daniel García Mansilla. Se toma a esta tercera como definitiva. Desde entonces han aparecido numerosas reediciones con diferencias de texto. Sorprende que no hayan sido tantas, como el valor del texto merecería.


Una rara, difícil de encontrar es la publicada en Nueva York en 1883. Menciono algunas que se destacan: la que publicó el Fondo de Cultura Económica de México en 1947. La colección Robin Hood publicó una edición condensada. La Sociedad de Bibliófilos realizó una lindísima edición en dos tomos ilustrados por Roberto Páez en la década del 70, fueron sólo 90 ejemplares. En 1989 Emecé publicó una cuidada versión con el siguiente epígrafe: "Esta edición ha sido realizada por iniciativa y con apoyo de la señora María Rosa Bemberg, quien la dedica a su madre, doña Jovita García Mansilla de Bemberg, descendiente del autor por vía colateral, siempre interesada por los temas argentinos". Cuánto cuentan estas escasas palabras. Últimamente, la editorial Terramar publicó una edición no muy linda pero con un gran prólogo de María Moreno, una fanática de Lucio Vé. 

Ahora aparece una muy cuidada edición de la Academia Argentina de Letras al cuidado de Norma Carricaburo y Francisco Petrecca. Celebramos el hecho con una objeción, el libro viene acompañado por un dvd interactivo que incluye el texto digitalizado y numerosa documentación, imágenes, glosario, toponimia y una enorme cantidad de notas y apostillas. Queda la duda de la vida útil que tendrá ese disco. ¿De qué estoy hablando? Los libros son lo opuesto a lo útil. Quizá debieran haber invertido el dinero de los dvds en un cuadernillo coloreado o parea colorear.

Nació en Buenos Aires en 1831, y murió en París, donde había vivido casi ininterrumpidamente sus últimos veinte años, en 1913. Su vida fue novelesca: era sobrino de Rosas, hijo de un general prócer; ya adolescente fue fletado a Oriente y Europa por haber sido pescado leyendo a Rousseau, su padre le encargó tratar algunos negocios, cosa que no hizo; a la caída de Rosas su familia se trasladó a Europa, donde el joven inició una carrera de grandes éxitos sociales.

Escribe Aira en su Diccionario de autores latinoamericanos: "De regreso en Buenos Aires, se inició en la política, donde no obtendría más que frustraciones, durante toda su vida conservó esperanzas de llegar a la presidencia de la Nación, pero conspiró en contra su propia falta de constancia y su carácter algo alocado e imprevisible. En los últimos años, los distintos gobiernos ante los que se postulaba no veían modo más eficaz de sacárselo de encima que enviarlo en misiones (casi siempre vagas, de investigación o información). Su residencia en París se fue haciendo más y más constante, alternó en círculos de la alta  sociedad, particularmente el grupo del conde de Montesquiou (otro frecuentador del conde, Proust, conocía a Mansilla, a quien menciona en alguna carta). Su diario debió llevar prólogo de Verlaine, quien murió ese año sin poder escribirlo".

El nombre de Mansilla es una contraseña para un numeroso y distinguido número de lectores que lo adoran.  Y no se puede decir que sea poco leído. Una de las mejores editoriales independientes, Santiago Arcos, lleva ese nombre -presumimos- en homenaje al corresponsal de la excursión. Y quizá la más vital de las revistas culturales se llama Mancilla, con ce. El nombre juega con los sentidos, de mancillar por mancha y también  por Lucio Vé.