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jueves, marzo 05, 2026

Ucrania resistente

 Escribe Albertina Piterbarg, para Seul, sobre el cuarto año de guerra en Ucrania:

El martes se cumplieron cuatro años de la invasión de Rusia a Ucrania, la famosa “operación militar especial” que, según el Kremlin, debía desnazificar y desmilitarizar el país en cuestión de días. Aquella ofensiva, que buscada decapitar al gobierno de Kiev en un blitzkrieg, terminó en cambio convirtiéndose en un fiasco estratégico para Vladimir Putin, una catástrofe humanitaria y una guerra empantanada que continúa hasta hoy sin ninguna claridad de ni cómo ni cuándo va a terminar.

Se cumplen también, por lo tanto, cuatro años del conflicto más sangriento en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, con una cifra de alrededor de dos millones de víctimas entre heridos, muertos, prisioneros, desaparecidos militares y civiles, de los cuales al menos 1,3 millones son soldados rusos y 200.000 son niños ucranianos secuestrados y desplazados. Y cuatro años, además, de discursos altisonantes y emocionados, de abrazos y galardones, de promesas cumplidas e incumplidas, de reuniones infinitas en distintas capitales y husos horarios, de vaivenes caprichosos y timoratos, de presidentes que entran y que salen, de alfombras rojas y conventillo en la Casa Blanca, y de nuevas guerras y conflictos, algunos mediáticos y atractivos, otros olvidados para siempre.

En estos cuatro años Ucrania se convirtió en un escenario de la transformación de la guerra contemporánea y de la política internacional, donde se han superpuesto cambios tecnológicos distópicos con operaciones masivas de manipulación de la opinión pública y coreografías de negociaciones políticas dignas de un minué del siglo XVII. Han sido cuatro años de delirios imperialistas rusos, de territorios ocupados, de lluvia de drones y misiles, de referéndums espurios y anexiones que, si ocurrieran en otra parte, harían estallar a la opinión pública. Cuatro años, en fin, de familias desplazadas, de refugiados y de exiliados, entre ellos millones de ucranianos dispersos por Europa y una creciente comunidad rusa en Argentina. 

 La nota sigue, recapitulando cada uno de los cuatro años pasados. Merece leerse completo, para recordar que el siglo XXI comienza al cruzar la frontera de Ucrania.

 

sábado, diciembre 20, 2025

Mentira y verdad

 Encarni Bao Aguirre escribe el 15 de diciembre en su newsletter en Las Provincias

En días pasados se produjo un episodio curioso. El 20 de noviembre, el general Serguéi Kuzovlev le dijo a Putin que había conquistado la ciudad ucraniana de Kupiansk. El 9 de diciembre, el autócrata condecoró al militar por tamaña gesta. Y hace tres días, el presidente ucraniano declaró que estaba en la plaza supuestamente tomada por Rusia y se hizo selfis para acreditarlo.

Qué bochorno para Moscú, ¿no? Qué va. Dicen sus propagandistas que las imágenes publicadas por Zelenski son de 2022, de antes de la invasión masiva.

Vayamos a 2022, a ver qué aspecto tenía el presidente ucraniano. A mediados de febrero, en distintas reuniones, parecía un chico de Primera Comunión. En las imágenes del día 12 en Kupiansk luce la ya habitual barba poblada. Y el rostro de enorme cansancio por los largos años de guerra. Y sostiene un iPhone 17, que de estar en 2022 habría conseguido diseñar y fabricar cuatro años antes de que Apple lo lanzara al mercado.