sábado, mayo 09, 2026

Tiempo, distancia


 del artículo de Manuel Arias Maldonado, en Letras Libres, acerca del infinito físico, reflexionando con Pascal:

Tal vez nunca nos hayamos sacudido del todo la impresión que el descubrimiento de la vastedad del cosmos provocase a Blaise Pascal en su momento. El jansenista logró sintetizarla en una frase memorable: “Me estremece el silencio vacío de esos espacios infinitos.” Hay que hacerse cargo de lo que supuso la Revolución Copernicana para sus atribulados contemporáneos: las cosmogonías mundanas, incluida la cristiana, quedaron en entredicho ante la evidencia de un universo de extensión desconocida y edad imprecisa. Pese a que se podía seguir diciendo que el ser humano es un hijo de Dios, a su vez creador de la gran totalidad, el cuadro se iba complicando; la familiaridad de las historias religiosas, que transcurrían en un planeta más o menos cartografiado, contrastaba con la extrañeza que provocaban las descripciones científicas. Ese choque es visible en las reflexiones de Pascal, quien impele al hombre a sorprenderse de que la Tierra no sea “más que una punta finísima en comparación con lo que los astros, que ruedan en el firmamento, abarcan”. Este mundo visible, nos advierte, solo es “un trazo imperceptible en el amplio seno de la naturaleza”; por mucho que inflemos nuestras concepciones, ninguna idea puede llegar a describir “una esfera infinita, cuyo centro está en todas partes, cuya circunferencia en ninguna”. ¿Qué es un hombre en la inmensidad del infinito? Pascal no desespera: aun alojado en un “pequeño calabozo”, el ser humano tiene acceso a un prodigio que no está más allá de las estrellas, sino en su propio cuerpo y el mundo que lo rodea. Se abre ahí un abismo nuevo, dice Pascal: en las venas y las articulaciones, en los ácaros y las gotas de sudor. ¿Qué es un hombre en la naturaleza? Pascal se responde: Una nada respecto al infinito, un todo respecto a la nada, un intermedio entre nada y todo, infinitamente alejado de comprender los extremos; el fin de las cosas y sus principios están, para él, irremisiblemente ocultos en un secreto impenetrable.

A la filosofía sólo le quedan la ética, la existencia, el tiempo.

La imagen, en Wikipedia.  Atribucion: ESO/Y. Beletsky, CC BY 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/4.0>, via Wikimedia Commons

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