domingo, febrero 22, 2026

Leer en papel

 


Dice Gabriela Bustelo, en Revista de Libros, a propósito del cierre de una gran librería de Madrid:

Leer en papel es prácticamente la única actividad que se puede hacer con total libertad en la era cibernética, ajena a la monitorización constante a la que nos somete internet, y que se puede practicar cuantas veces se quiera sin dejar un rastro digital. Nadie sabe qué libro sacamos de una estantería, ni en qué página lo dejamos al parar de leer, ni en qué página lo abrimos al día siguiente. Ningún algoritmo factoriza esa actividad, ni la usa para entrenar una máquina de inteligencia artificial, ni para hacernos un perfil sociológico que pueda servir para vendernos productos a través de las redes sociales. No van a salir vídeos inesperados ni deepfakes donde se nos vea pasando las páginas de un libro en soledad, enfrascados en la lectura. Desde ese punto de vista, en la sociedad de la esclavitud digital, donde todos somos ya los microsiervos que pronosticó Douglas Coupland, leer en papel es una actividad subversiva, radical, anarquista. Pese a ello, los libros físicos pueden acabar relegados a tenderetes de regalos en los supermercados y los aeropuertos o, en el mejor de los casos, a las tiendas de segunda mano y mercados al estilo de la Cuesta de Moyano, como un objeto nostálgico para boomers recalcitrantes. 

 Pero este paradigma está amenazado igualmente: al libro hay que editarlo, y distribuirlo. Salvo casos minoritarios en que el autor produce su trabajo, será necesario encontrar la editora que esté dispuesta a poner en marcha el proceso, y a administrarlo. El mundo editorial no es el del siglo XIX y XX, sino otro más concentrado, y más enfocado en el negocio. El editor juzga la calidad del trabajo, y le da vía libre o no. 

Es decir, para llegar al momento en que el libro alcanza un lugar en los anaqueles de un librero, antes pasa el filtro de la editorial. Un libro alcanza una primera edición, una tirada de mil ejemplares, o cinco mil, de los cuales una buena parte irá a venta de saldos. Si no se ha alcanzado un nivel de conocimiento (libro recomendado, mencionado, distribuido) pasado cierto tiempo se apagará. 

En el mundo iberoamericano debido principalmente a la guerra civil española, pasamos por algunas décadas del siglo XX en que las editoriales florecieron en América, especialmente México, Argentina, Colombia, con gran aporte español. Fueron los años en que explotó la literatura latinoamericana, así como la traducción de autores extranjeros. Pero en la medida en que España salía del franquismo, esas editoras o fueron compradas por editoras españolas, italianas, francesas, inglesas, o se vendieron o fusionaron con grandes conglomerados europeos. Es decir, sin negar que el libro en papel libera del monitoreo del Gran Hermano, es necesario reconocer que el filtro está en un paso previo: qué trabajos alcanzarán una edición.

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